Introducción a los Estudios Culturales. [Leyendo a Armand Mattelart]

Armand MattelartBreves ideas extraídas tras leer “Introducción a los Estudios Culturales”, libro de Armand Mattelart.

Los Cultural Studies

Los Estudios Culturales se basan en cuatro grandes análisis que tratan sobre la cultura de resistencia de la clase obrera frente a la gran influencia de los medios de comunicación de masas, el debate moderno sobre la cultura, la culturización de la clase social desde la llamada baja cultura, y la relación y nexos de unión existentes entre la baja y la alta cultura.

Entre la masa y la clase, ¿qué público hay que elegir? Es necesario asumir un relativismo en este sentido, pero no basado en el comúnmente citado “todo vale”, sino en comprender y valorar de la misma manera los consumos y prácticas culturales populares, y las prácticas y consumos de, por ejemplo, un académico o un erudito. En ambas circunstancias podemos hallar resultados igual de valiosos. No cabe subestimar a nadie.

Paradójica queja europea ante el imperialismo estadounidense

Los Cultural Studies datan de la década de los sesenta del siglo XX y son acuñados por Richard Hoggart en Birmingham (Inglaterra). Por aquel entonces, los europeos mostraban recelo ante la supuesta amenaza de “americanización” cultural del viejo continente motivada por la transnacionalización del sistema de medios. Paradójicamente, esta amenaza era sentida por Europa, continente imperialista desde finales del siglo XV cuando Colón arribó al Nuevo Mundo. Europa desde 1492 comenzó su expansión por los demás continentes, véase, entre centenares de ejemplos, la importancia de la India -llamada “La Joya de la Corona”- para el Imperio Británico, o el reparto territorial de las Indias por parte de Portugal y España tras la firma del Tratado de Tordesillas en junio de 1494.

Los símbolos culturales americanos –al hablar de americanos nos referimos a estadounidenses- se han convertido en parte integrante de la forma en que millones de europeos construyen sus identidades culturales. Hoy algunos sectores de la sociedad europea defienden un antagonismo entre Europa y América; ello es, sin duda, una postura plenamente respetable, pero entendemos que está en contradicción con la vida cotidiana en la Europa del siglo XXI, ya que todos vemos la NBA, comemos en el McDonalds, escuchamos la música de Bruce Springsteen o somos seguidores acérrimos de la política de Obama.

Ante la existente e imparable globalización en todos los ámbitos resulta imposible sumergirse en una autarquía, a no ser que vivamos en países como Corea del Norte o Cuba, naciones reticentes a la intromisión de ideas, culturas y pensamientos desde el exterior.

Un mundo globalizado formado por microcomunidades

La crisis de los estudios culturales es una consecuencia de su desarrollo demográfico. Esta deriva se produce por la incorporación a los Cultural Studies de investigadores de disciplinas literarias y de humanidades, más propensos a la interpretación y explicación textual que a las investigación sobre el terreno o la familiarización con el razonamiento sociológico.

Con el transcurso de los años, se organizan nuevas microcomunidades. Salen a la calle revistas cuyos temas son cada vez más especializados, ofreciendo a los expertos espacios de debate y encuentro, queriendo así acabar con la teoría que diferencia la alta y la baja cultura, la cual proviene desde el Neolítico, cuando el hombre comienza a domesticar flora y fauna, y reparte funciones y rangos entre sus contemporáneos. Socialmente, unos seres humanos de otros somos diferentes desde siempre, pero esto no evita que un obrero comparta afición con un burgués por un mismo tema.

La cultura está por encima de cualquier rango o escala social. Cada microcomunidad se encierra en sí misma y restringe sus intercambios con otras. Nunca veremos, por lo general, a un socio del Real Madrid en una peña barcelonista celebrando los goles y la victoria del Barça. Pero sí veremos, a lo mejor, a un vecino de Carabanchel y a otro de La Moraleja saltando y disfrutando de la misma forma en un concierto de Amaral. La cultura rompe con la diferencia de clases. El pertenecer a una microcomunidad puede, en ocasiones excluir a otras, como en el caso del fútbol, pero también puede darse al contrario, ya que un fan de Amaral no tiene porque odiar a los seguidores de Metallica, incluso a una persona le puede gustar Amaral y Metallica.

Otro punto destacable es el “multiculturalismo” como ideología. El desarrollo de la movilidad espacial y de las poblaciones inmigradas lleva consigo el traslado de ideas y de cultura. Esta idea no surge en el siglo XXI, ya autores como Ammerman y Cavalli-Sforza expusieron hace cuatro décadas el modelo de difusión démica, también llamado “Frente de Avance”, por el cual las poblaciones neolíticas de la zona de Palestina y Turquía habrían llegado hasta la Península Ibérica en busca de alimento, trayendo consigo su cultura –no sólo movimiento de personas, sino de ideas- e intercambiándola con los habitantes paleolíticos de las hoy Grecia, Italia, Francia y España. Aplicando esta teoría podemos afirmar que el hoy tan acuñado “multiculturalismo” nació hace unos 12.000 años.

Las luchas sociales y políticas que hoy mantienen los movimientos antiglobalización han puesto a la cultura en medio de su camino hacia un mundo mejor. Estos movimientos exigen que la cultura sea considerada como “bien público común” a semejanza del agua o el medio ambiente.

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