La táctica de Facebook para conseguir nuestros datos
Imagina que un día entras en Facebook. Introduces tu correo electrónico, tu contraseña y al instante te aparece una página que pone ‘Alguien te ha denunciado. Tu perfil es falso’. Tu cara de sorpresa será mayúscula y empezarás a pensar en las personas que te odian y que puedan haber pulsado el botón de denuncia.
Para solventar dicho error y poner la verdad por bandera deberás introducir tu correo electrónico y tu número de teléfono para que una máquina con voz femenina te llame desde los Estados Unidos y te indique qué debes hacer para confirmar que eres real como el aire, como el mar y como el viento.
Lo que cuento me ha ocurrido hace un rato y la máquina con voz de fémina con aspiraciones a vendedora de teletienda me ha indicado los pasos a seguir en su acento estadounidense que, en ocasiones, es sinónimo de incomprensible.
La llamada procedía desde el teléfono +16508870260. Si se introduce este número en un buscador de internet se pueden leer páginas en las que algunos usuarios denuncian esta práctica de la red social. Se puede deducir que no existe denunciante particular alguno, sino que es el propio Facebook el que decide que eres más falso que una moneda de tres euros. Ahora la empresa fundada por Mark Zuckerberg tiene, además de mi e-mail, mi número de teléfono.
Es una buena forma de que una empresa vaya haciéndose poco a poco con lo datos de sus usuarios para poder vendérselos a terceros si se da la ocasión. Si manejamos la hipótesis de que la empresa maquinó esta historia podemos llegar a pensar que el próximo paso podría ser asociarse con los gobiernos de cada país con el objetivo de ejercer un mayor control de lo que hacen las personas en la Red.
Ya ocurre en España con los móviles –nos vendieron la moto con la historia de que así se evitarían atentados terroristas– y ahora estamos bajo control de a saber quién. Aquella persona que desea tener un número de teléfono, por ejemplo para llamar a sus nietos, debe asociarlo con su documento nacional de identidad (DNI); no vaya a ser que la abuela pertenezca a Hamas, la ETA o sea prima carnal del ¿muerto? Osama Bin Laden.
Imaginemos –no imaginen mucho porque al final ocurrirá– que en un futuro no muy lejano para ser usuario de redes sociales haya que incluir en el registro nuestro DNI. No existirá el anonimato, y no porque quieran evitar que terroristas naveguen por la Red, sino para saber lo que escribimos, nuestros gustos, nuestras compras, ver nuestras fotos… y que empresas diversas, previo pago por nuestros datos, puedan hacernos ofertas comerciales. Lo que llaman la personalización en las ventas. Es lo que toca.























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