Análisis de la imagen: estética audiovisual. [Leyendo a Rafael Gómez Alonso]

Análisis de la ImagenBreves ideas extraídas tras leer “Análisis de la imagen: estética audiovisual”, libro de Rafael Gómez Alonso.

El sentido del texto audiovisual en el proceso comunicativo.

El objetivo principal del texto audiovisual es crear mensaje. Como afirma Umberto Eco, “un texto es un conjunto de enunciados que se actualizan en relaciones recíprocas y en una estructura encaminada a la construcción de un sentido”.

La capacidad de persuasión que ofrecen los medios de comunicación en las distintas esferas de ámbitos sociales y culturales ha transformado los usos de la recepción audiovisual. Hoy en los medios, el lenguaje audiovisual impera sobre el tradicional escrito. Internet es el futuro de los medios de comunicación y actualmente es más audiovisual que textual.

El concepto imagen a través de su análisis lleva a reflexionar sobre la multiplicidad de perspectivas en que puede interpretarse. El sociólogo francés Abraham Moles, popular en este campo por sus aportaciones al estudio de la cultura de masas, afirma que “la imagen es un soporte de la comunicación visual que materializa un fragmento del mundo perceptivo (entorno visual), susceptible de subsistir a través del tiempo y que constituye uno de los principales componentes de los mass media”.

La fragmentación audiovisual extradiscursiva intencionada.

Como bien sabemos, para que se constituya un proceso comunicativo es necesario que exista un emisor, un receptor, un mensaje, un canal, un soporte para recibir el mensaje y unos códigos establecidos que permitan descifrar el mensaje en un contexto determinado.

El proceso de comunicación puede ser interrumpido por la fragmentación audiovisual. Este concepto lo vemos en la televisión siempre que una serie, programa o película es fragmentado a causa de los anuncios publicitarios. Aunque también puede estar motivada por los “ruidos audiovisuales” a causa de problemas técnicos o porque exista una censura en directo de un mensaje por no adecuarse a los principios de una cadena de televisión. El primer caso, denominado fragmentación intradiscursiva, es inevitable ya que los medios de comunicación viven de la publicidad. El segundo caso, llamado fragmentación extradiscursiva, no solamente se da por problemas técnicos o en países que coartan la libertad de expresión; cabe que un medio omita información o de prioridad a otras noticias a propósito para no hablar de un tema concreto.

¿200.000 o 1.000.000?

Los audiovisuales, aparentemente, se ajustan a una serie de escalas y formatos, pero, a veces, las imágenes ofrecen disposiciones diferentes según hayan sido tomadas. No es lo mismo fotografiar o grabar una pradera sentado en el suelo, que desde la tercera planta de un edificio. Desde la ventana de la casa podremos ver qué hay más allá de los primeros diez metros de pradera que habremos fotografiado o grabado sentados en el suelo.

Desde hace pocos años la sociedad civil, convocada por partidos políticos, asociaciones o confesiones religiosas, ha salido a las calles a manifestarse a favor o en contra de diferentes consignas como la Guerra de Irak, el aborto o la unidad de España. Esta situación ha motivado que tanto los convocantes como los medios de comunicación hayan puesto la música para un constante e interesado baile de cifras de asistentes. Los organizadores de la manifestación siempre dan un número de personas que suele sobrepasar el millón, mientras que los medios, según de la afinidad política que sean, apoyan lo dicho por los convocantes o reducen de forma drástica dicha cifra de personas.

En esta batalla sin armas toman parte no solamente los medios y los organizadores, también los asistentes, las delegaciones de gobierno, las comunidades autónomas, los ayuntamientos y la policía. Siempre es fácil ver sobre la concentración humana a un par de helicópteros surcando los cielos vigilando que no se escapase ni una unidad de los supuestos dos cientos mil o del hipotético millón.

El baile inútil de cifras ocupa las portadas y los titulares de periódicos, telediarios y radios de toda España. Incluso algunas web dedican su contenido a contar manifestantes haciendo mediciones de metros cuadrados de las plazas y calles por la que transcurren las marchas. Si en un metro cuadrado caben cuatro personas, echemos cuentas…

Aquí la prensa gráfica y audiovisual participa realizando fragmentación extradiscursiva posicionando sus cámaras -valga el ejemplo anterior- en el suelo de la pradera o en la ventana del tercer piso. A menor altura la gente aparece más apiñada lo que consigue que se cree un efecto óptico que haga aumentar exponencialmente el número de participantes. Si el fotógrafo o cámara se sube a un andamio tomará imágenes de gente más dispersa, exponiendo la separación real entre personas.

El ángulo de toma de imágenes es fundamental. Determina si hay un millón o si tenemos que hablar de 200.000.

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