Los hombres sin personalidad que no amaban a las mujeres sin personalidad

Desde el cariño. ¿Queda alguien con personalidad en este país? Emito esta pregunta porque el 80% de los libros que la gente lee en el transporte público es la novela del sueco Stieg Larsson. Es totalmente legítimo. Cada cuál puede leer lo que le plazca, incluso un texto de Pierre Bourdieu, si se les antoja. En ese caso, ánimo.

Lo que me sorprende pavorosamente es que tres cuartos de las personas que leen algo que no sea la revista TP o el Semana, gasten su ocio en pasar las páginas de “Los hombres que no amaban a las mujeres”. ¿No hay otro libro? ¿Necesitan tener éxtasis comunes al llegar al trabajo y comentar con los amigos el contenido de la novela? Ocurre igual con los textos de Carlos Ruíz Zafón. ¡Basta!

La masa se mueve por modas. Hace una década todo el mundo, como si regalasen algo, saturaban ópticas en busca de las gafas Arnette. Era necesario tenerlas para no ser menos que el vecino. ¿Tuviste unas? Luego se pasó a las gafas que tapaban la mitad del rostro y ahora estamos en la etapa de las gafas de piloto. Igual ocurre con el calzado femenino. Yo recuerdo que hace 10 años muchas chicas llevaban zapatos náuticos, ahora han pasado a las bailarinas. ¿Qué será lo próximo?

Esto ya se los anticipo yo. Debía haberme dedicado a la sociología. La última moda es llevar zapatillas deportivas y, agárrense, mostrar la lengüeta del calzado. Sí, los fabricantes de calzado deben estar muy contentos. Un alto número de jóvenes van mostrando la lengüeta de su zapatilla a la vez que llevan los cordones desabrochados. Resulta inquietante. Cuánto más grande sea la lengüeta, mejor.

– Mamá, ¿me compras estas zapatillas?

– Pero qué raro, hijo, si tú siempre has comprado las caras.

– Ya mamá, pero las de 15 euros tienen la lengüeta más grande.

…¡Hijos de la Logse!

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3 comentarios en “Los hombres sin personalidad que no amaban a las mujeres sin personalidad

  1. Querido Pablo, no acostumbro a opinar porque poco a poco he ido aprendiendo el arte de la prudencia, y a guardarme para mí mis impresiones o pensamientos, pero este genial artículo tuyo me ha hecho romper mi pacto de silencio voluntario y ratificar una por una tus palabras. ¿Por qué esa ridiculez de moda de llevar los pantalones a mitad de las nalgas mostrando eso sí, los “Calvin Klein” caros que me hacen “fardar” delante de las pivitas? Las modas queridos amigos, muestran ese complejo y “solidario” miedo a la autenticidad, a una lógica diversidad. Leer basura, ver basura, vestir sin mínimo gusto, etc. Los frutos de la educación progre ya se recogen desde hace años en nuestra maltrecha España, y Zapatero sólo es la punta del iceberg. Yo haré como nuestro querido Miguel Ángel, me vuelvo a los clásicos. Que Dios os bendiga.

  2. Primero tengo que decir que me he leído los tres libros del sueco Stieg Larsson, eso si, antes de que se dispara la moda con la películas que han sacado sobre las novelas.
    Sinceramente, que la gente se ponga a leer libros, creo que la saga de Stieg Larsson no es mala, no es nada censurable. Lo mismo algunos, aunque sean pocos, cogen la costumbre y siguen con otros autores.

    Lo de las modas con el vestuario y demás, es como todo. A unos les da por ponerse zapatillas con lengueta, chándal con los calcetines por fuera y los calzoncillos al aire y a otros por ir con náuticos, camisas de marca, jersey de Pedro del Hierro en los hombros y el pelo engominado para atrás. La misma pena me dan unos como otros. Gente sin personalidad.

    Un saludo Pablo. Por cierto, yo también tuve unas Arnette.

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