Sobre la decadencia de los medios de comunicación

Edward R. Murrow

Como el masaje que enunciaba Marshall McLuhan en su obra, los medios de comunicación, y la televisión en concreto, masajean conciencias con el objetivo de vaciar mentes. La televisión ha sido adoptada como un miembro más de la familia y lleva más de 50 años masajeando a los televidentes.

Les hace relajarse, cambiar el chip y desconectar de los problemas que les azotan en la vida diaria. De ahí que un alto porcentaje de los programas que se emiten sean de contenido simple para que el espectador no tenga que ejercitar el cerebro para resolver dilemas y consecuentemente masajear los botones del mando a distancia para cambiar de canal.

Muchos autores y estudios exponen que los temas que aumentan exponencialmente la audiencia en los medios de comunicación son el sexo, la violencia y la muerte. Tres patas para un banco en el que apoyan sus posaderas programas y contenidos con informaciones zafias que hacen que los espectadores creen un demencial y ficticio principado cuyo cetro portan los presentadores “estrella”, apodados por la calle como “los príncipes del pueblo”.

Príncipes que gobiernan pero que a su vez se encuentran bajo el bastón de mando de los directivos de los grupos de comunicación. Las cadenas televisivas dependen de grandes grupos de comunicación. Estos grupos son empresas y por tanto buscan tener a final de mes más beneficios que pérdidas. A más audiencia y ventas, más anunciantes y más ingresos.

Muchos han sido los intentos para que la televisión sea sinónimo de cultura, todos ellos fallidos. Es una tarea compleja. El espectador está habituado a una velocidad determinada de los audiovisuales en la televisión. Pocos son los privilegiados que, acostumbrados a una rápida sucesión de imágenes, soportan ver un programa con un ritmo lento y sin cambios de volumen. Sirvan como ejemplo los famosos documentales que emite La 2 de TVE. Muy educativos y culturales pero que chocan con el veloz ritmo del resto de programas televisivos. Zapeo asegurado

Los medios de comunicación, desde el auge de la cultura de masas, nos han acostumbrado al sensacionalismo, al todo vale. Da igual que las informaciones sean verdades a medias y estén llenas de morbo. El objetivo es generar audiencia.

Estamos ante unos medios de comunicación que, en la mayoría de las ocasiones, lanzan unas pedradas de vulgaridad que nos provocan placer en vez de dolor. Inquietante paradoja ante la que muchos aplauden, otros ríen y pocos lloran.

Probablemente la salvación de los medios de comunicación pase por obviar los beneficios económicos. ¿Se puede confiar al cien por cien en algún canal de televisión, algún periódico o alguna radio? Quizá en los altruistas, y no siempre.

Texto escrito tras visualizar el siguiente fragmento de la película “Buenas noches y buena suerte”:

“Pasaremos a la historia por nuestros actos (…) nuestra decadencia, nuestro aislamiento y nuestro escapismo del mundo y de las realidades en que vivimos. Somos una sociedad opulenta, acomodada y autocomplaciente. Adolecemos de una alergia innata a la información que nos perturbe. Los medios son un reflejo de esta situación.

Como no dejemos de considerarnos un negocio y no reconozcamos que la televisión está enfocada básicamente a distraernos, engañarnos, entretenernos y aislarnos, la televisión y los que la financian, los que la ven y los que la producen, podrían percatarse del error demasiado tarde”.

Edward R. Murrow

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