Bush y Chávez, unidos por un nazi

Joseph Goebbels. Fuente: Wikipedia

Las directrices del que fuera ministro de propaganda durante el gobierno de Hitler siguen siendo aplicadas en la actualidad.

A menudo, los profanos en el conocimiento de la Historia se preguntan cómo pudo llegar Hitler al poder. La respuesta la encontramos en la propaganda nazi. Una forma de manejar conciencias que tuvo en su cúspide a Joseph Goebbels.

Goebbels estableció que lo importante era conseguir que el pueblo tuviera una sola visión de la realidad y desprestigiar lo que hacía el ideológicamente contrario, de ahí la quema de libros o el incendio del parlamento alemán en 1933, algo de lo que los nazis acusaron a los comunistas. El partido nazi con ello quería destruir la pluralidad de opiniones para imponer la suya. La psicología en este sentido era muy importante, tanto como jugar con los sentimientos de las personas.

Actualmente, la propaganda que las empresas o los partidos políticos realizan, no dista mucho de las tesis de Goebbels. Todo ello, salvando las distancias en los medios y el fin que cada cual se propone. Si desglosamos los 11 principios que Leonard W. Doob asocia al que fuera ministro de propaganda nazi podremos encontrar algunas similitudes.

Tenemos un caso cercano. Hoy los dos principales partidos políticos en España, PSOE y PP, se atacan mutuamente echando la culpa de los problemas que el país sufre al oponente directo. No existen más condicionantes en un problema que las malas acciones del adversario político. Como enuncia Doob, esta actitud se enmarca dentro del principio del enemigo único. Cabe en este punto la posición de países como Venezuela frente a los Estados Unidos, o de éste frente a Irán. Y viceversa.

Otra idea basada en las teorías de Goebbels es el principio de transposición. Si lo traemos a la actualidad, en cuanto al ámbito político, podría equipararse a que cuando el actual Gobierno de España comete un error, siempre aporta datos de cuando el PP gobernaba. Y al contrario. Los partidos pocas veces hablan de lo que ellos hacen, siempre dicen lo que no hace el contrario.

La Guerra de Irak supuso un despliegue de las teorías del ministro nazi de propaganda. El gobierno de Bush afirmó que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva. Eso se consideró una amenaza para la nación estadounidense, y le dio la justificación de invadir aquél país en busca de unas armas que nunca aparecieron. Las inexistentes armas químicas fueron una exageración sin motivo fundamentado. Este exceso tuvo como fin llegar no solamente a las personas en sí mismas, sino a sus sentimientos. Para provocarles una reacción más íntima y de la que creyeran que debían ser partícipes.

Estas ideas que alcanzan los sentimientos de las personas deben ser muy pocas pero muy repetitivas. Fue, por ejemplo, muy fácil para el PSOE decir que el 11-M se debió a la foto de las Azores. Se repitió hasta la saciedad. Esta idea, dicha muchas veces, caló en la sociedad. Posteriormente, los tribunales expusieron que la presencia española en Irak no tuvo nada que ver con el atentado en Madrid. Pero la idea quedó ahí y hoy es pensada y defendida por muchos.

El control de los medios es fundamental para desarrollar una propaganda eficaz y única. Países como China, Venezuela o Cuba, que censuran los medios de comunicación, tienen una facilidad suprema para mostrar un único mensaje y evitar que pueda darse cualquier tipo de oposición desde el interior del país. La manipulación de la información exterior permite a los gobiernos vulnerar cualquier tipo de derecho fundamental. Callar lo que favorece al contrario y exponer lo me favorece a mí, ayudándome de los medios de comunicación afines, es una pieza más del engranaje de la propaganda. Clarísimo ejemplo de ello es el que hace unos días protagonizó el actor Willy Toledo, calificando a Orlando Zapata de lo que no fue. Toledo se basó en las informaciones del gobierno cubano expuestas en el diario Granma .

Actualmente, países dictatoriales como Venezuela tienen en la propaganda su gran aliado. Estados Unidos es el gran enemigo de la revolución Bolivariana, es el capitalismo frente al socialismo de Hugo Chávez. El sentir de odio hacia Estados Unidos que en diversos sectores venezolanos se tiene debe ser sustentado por una propaganda constante que ensalce las directrices de Chávez. El objetivo es conseguir la unanimidad frente al contrario.

Aquellos que aplican la propaganda luchan contra viento y marea para lograr sus objetivos, entre ellos conseguir la unanimidad a favor de las propias tesis. Los que orquestan la propaganda no se plantean si lo hacen o no éticamente, ansían la efectividad. Caiga quien caiga. Muchos políticos difieren en ideas, pero comparten las teorías propagandísticas de Goebbles, el nazi que le dio la victoria a Hitler.

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