El castillo del obispo

Tiempo de verano, momento de descanso, espacio para hacer lo que el resto del año es imposible, periquete para nutrir la experiencia vital.

Paseaba el otro día por el casco antiguo de una ciudad. Cuando uno camina en busca de su objetivo se cruza con decenas de caras e infinidad de conversaciones que mueren a los pocos segundos. Sin embargo, una me llamo la atención. Un niño indicó a su padre:

– Papá, mira, un castillo.

A lo que el padre le respondió:

– Sí, hijo, el castillo del obispo.

Diálogo simple, sencillo, escueto y fugaz que no murió instantes después. La experiencia vital vive del pequeño detalle que esboza sonrisas.

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