Sonrisa, alegría y amor. La vida es otra cosa

Álvaro Neil regalando sonrisas en Senegal

¿Cuánto cuesta sonreír? ¿Cuánto cuesta ser comprensivo? ¿Cuánto cuesta tener paciencia? Mucho, pero no es imposible. Tuve una profesora llamada Ana María Herrera de la que recibí clases de una asignatura optativa llamada “Técnicas de locución”. La docente siempre decía que no es lo mismo decir un “buenos días” saludando a la solapa de la propia camisa que hacerlo mirando a los ojos a la otra persona a la par que se sonríe. La actitud cambia.

Demostrar alegría es algo valioso, se evitarían el cien por cien de las discusiones, o casi. Ninguna preocupación es tal si miramos a nuestro alrededor. “Tengo un problema, se me ha roto la pantalla del móvil”, eso es un inconveniente superficial; un problema es no tener qué comer, estar en paro o padecer una enfermedad terminal no teniendo más de treinta años.

La sonrisa y la alegría son importantes. También lo es el entregarse a los demás, pero entregarse sin recibir nada a cambio. Existen miles de casos de darse al prójimo, la mayoría de ellos son silentes, nadie sabe de su existencia. Un ejemplo que conocí hace meses en un programa televisivo fue el de Álvaro Neil, más conocido como “Biciclown”.

Se trata de un hombre que esboza un gesto de felicidad en quien se cruza con él. Como explica en su sitio web, “desde el año 2.001 vivo en mi bicicleta, y desde el 2.004 de forma ininterrumpida sin regresar a mi ciudad Oviedo. No tengo planes de regresar hasta que no termine mi proyecto: Miles of Smiles Around the World. En principio en el 2.014, pero voy con algunos años de retraso. Lo de biciclown es debido a que viajo en bici y a que soy payaso. Ofrezco espectáculos de clown, magia, malabares, acrobacia, de forma gratuita a favor de las personas más humildes”.

Su travesía ha motivado el rodaje de un documental titulado “A la velocidad de las mariposas“.

Álvaro Neil tenía un trabajo estable cuando decidió dejarlo todo. ¿Por qué lo hizo? Sólo se me ocurre una causa: por amor. Un amor que le ha llevado a recorrer más de 90.000 kilómetros y atravesar más de sesenta países. Por querer dar amor traducido en unas sonrisas alrededor de todo el mundo. Él hace una década descubrió que la vida es otra cosa.

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  1. Pingback: ¿Debes un beso a alguien? | El Blog de Pablo H. Breijo

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