El código QR o cambiar dinero por vana felicidad

Compraremos lo que no queremos, lo que no nos hace falta

Conozco a algunas personas que cuentan en su teléfono móvil con lector de códigos QR. Basta con acercar el teléfono al código en cuestión para que nos aparezca información relativa. Lo mismo sucede, entre otros, con objetos como botellas o latas de refresco.

Si se tiene un teléfono de estos nuevos que hacen la cena con un simple clic o cambian el canal de la televisión, se puede conocer la información que una empresa nos quiere lanzar en la fachada de su comercio.

Imaginemos que caminamos por la calle y en la parte baja de un escaparate vemos el código dichoso. Acercamos el móvil a dicha imagen y, tras unos segundos de espera, nos aparece una información. Cualquiera dirá que es una ventaja porque aporta datos al usuario sobre la empresa. Indiscutible.

Pongamos que ese comercio es una tienda de ropa. Yo no tengo intención de gastarme un euro porque tengo el armario lleno de todo tipo de prendas para esta temporada y las dos siguientes. De hecho, ni entro en el establecimiento, me quedo fuera mirando a través del cristal y haciendo el idiota con el teléfono luchando para que me aparezca lo que me quiere decir el código QR. De repente en la pantalla de mi teléfono aparece una foto de una camisa con los tonos azules del Océano Índico. Qué belleza, me digo. Y además está rebajada, cuesta solamente veinte euros.

Seducido por los tonos añiles e índigos de dicha prenda, entro y la compro. Me vuelvo a casa cegado por la camisa que nunca me pondré porque no la necesito y sin veinte euros.

Puede resultar cómica esta explicación. En la actualidad es el usuario el que busca el código y solicita la ampliación de datos. Pero imaginemos que en un futuro sea a la inversa y cada vez que transitemos cerca de un establecimiento recibamos un mensaje que haga vibrar nuestro bolsillo sobre una oferta increíble. Compraremos lo que no queremos, lo que no nos hace falta. Qué vana felicidad.

Un comentario en “El código QR o cambiar dinero por vana felicidad

  1. Pingback: El código QR del Corazón de Jesús « El Blog de Pablo H. Breijo

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