Edward Evanko, el actor de Broadway que ahora celebra misa

Semanario Alba – 6 de enero de 2012 – Pablo H. Breijo.

En los años sesenta se subió a los escenarios de los teatros más famosos de Nueva York y durante cuatro décadas participó en más de doscientos musicales, películas y series de televisión. En 2005 se ordenó como sacerdote y, ahora, con 74 años, está al cargo de una parroquia de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana en Canadá.

Edward Evanko vio que ser sacerdote, y no actor, era su verdadera vocación

Era común verle como actor de reparto en el cine y en series de televisión en Estados Unidos y Canadá hace unas décadas. También, gracias a la fama adquirida en la pantalla, grabó algunos discos con canciones de música pop. Edward Evanko (Canadá) es hijo de inmigrantes ucranianos que cruzaron el Atlántico en busca de un futuro mejor. Tuvo una infancia y adolescencia normal, destacó en sus estudios de educación secundaria y se licenció en Artes. Con 11 años se inició en el mundo del teatro y cuando terminó la Universidad se marchó a Inglaterra para formarse como actor en una prestigiosa escuela de la que han salido importantes, entre otros, Jeremy Irons o Naomie Harries. Recibió clases de canto y formó parte de dos compañías de ópera. Con 31 años pisó por primera vez los escenarios de Broadway, en Nueva York. Desde entonces logró importantes premios y el reconocimiento de la crítica y del público. Pese a todo, ni las luces, ni los miles de vatios de sonido, ni los grandes trajes, ni los aplausos conseguían llenar el corazón del popular actor. Pero un día Jesucristo cambió radicalmente su vida.

Más que un guión

Evanko tuvo que desplazarse durante unos meses a Vancouver para rodar una película. Asistía a misa en la catedral del Santo Rosario siempre que sus horarios de grabación se lo permitían. Le llamaban la atención la belleza arquitectónica del templo, el sonido del órgano y las voces del coro. En una ocasión le pidieron que hiciera una de las lecturas y sintió que leer la Palabra de Dios le llenaba más que todos los guiones que había recitado en su vida profesional. Desde entonces se vinculó más a la comunidad parroquial.

En una de las reuniones de la parroquia, el sacerdote, al ver que Evanko no estaba casado y había dedicado su vida a ser actor, le preguntó si alguna vez se había planteado ser cura. Evanko le preguntó si aquello era una broma, ya que un actor que triunfa en Broadway y ha llegado a lo más alto parece no necesitar nada más en una vida llena de éxito. “No tienes que responderme ahora. Si quieres, en unos meses, podrías empezar en Roma tus estudios”, respondió el cura. En ese momento Evanko se derrumbó y comenzó a llorar. Empezó a ir a misa a diario.

Pasaron los días y el actor no dejaba de pensar en las palabras de aquel cura. Tomó la decisión, dejó todos sus proyectos en cine y televisión y viajó a Roma. Vio que ser sacerdote, y no actor, era su verdadera vocación. Ingresó en el Pontificio Colegio Beda -seminario que acoge vocaciones tardías-. Empezó con el rito romano, pero pronto supo que su deseo era estudiar el rito bizantino, que le vinculaba con sus orígenes ucranianos. Tras cuatro años en Roma, completó su formación en Estados Unidos y Canadá. Fue ordenado sacerdote de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana en 2005 cuando tenía 66 años.

Pero Evanko no ha dejado su anterior vida de actor. Ahora mezcla su talento artístico y sus conocimientos de teología en sus obras teatrales. Tras regresar a Canadá, llevó a los escenarios la vida del padre Damián de Molokai, el misionero que entregó su vida a los leprosos. Lo hizo para conseguir fondos para un sacerdote amigo suyo cuyo padre había enfermado después de donar un riñón a su hijo. En tres actuaciones consiguió recaudar cuatro mil dólares. Tras el éxito le llamaron de decenas de parroquias de Estados Unidos y Canadá. Incluso recibió una invitación desde Sidney para que llevase la representación a la ciudad australiana durante la Jornada Mundial de la Juventud, en julio de 2008.

Holodomor

Tiempo después, un párroco de Toronto llamó a Evanko para pedirle que crease una representación teatral que narrase la historia de Holodomor, el genocidio llevado a cabo por Stalin que azotó Ucrania entre 1932 y 1933, y que hizo que muriesen más de siete millones de personas. Se cumplía el 75 aniversario de este terrible suceso y querían honrar con ello a las víctimas y mostrar al público la historia. Evanko tenía a su cargo doce parroquias rurales que estaban muy lejos unas de otras y le era difícil sacar algo de tiempo para escribir el guion. El sacerdote de Toronto le envió documentación histórica y algunos libros, y ambos consiguieron llevar Holodomor a los escenarios. Gracias a esta representación, decenas de supervivientes, que por entonces eran niños, le contaron a través de cartas y en persona su testimonio durante la hambruna. Algo que ha servido a Evanko para completar el guion y añadir a la representación algunas canciones de la época.

La última historia que ha llevado a los escenarios es el martirio de Nykyta Budka, el primer obispo de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana que hubo en Canadá. Murió en un campo de concentración soviético de Kazajistán en 1949 y Juan Pablo II le beatificó el 27 de junio de 2001.

Pese a tantas actuaciones de teatro, la música y los focos de luz, Evanko no descuida su laboral pastoral en la iglesia de la Dormición de María, en Richmond (Canadá). Su objetivo es hablar de Jesucristo y, como él mismo afirma, “perder la vida” al servicio de los demás.

>> La Iglesia greco-católica ucraniana <<

La Iglesia Greco-Católica Ucraniana es la Iglesia católica oriental más numerosa. Tiene más de cuatro millones de fieles dispersos en una docena de países. Es de rito bizantino y desde el Sínodo de Brest en 1596 está en plena comunión con la Santa Sede. Tanto los zares como los Gobiernos comunistas han perseguido a esta Iglesia a lo largo de su historia. Su primado actual es el arzobispo mayor Sviatoslav Shevchuk y en la actualidad cuenta con más de 2.700 parroquias, 78 monasterios, 12 instituciones educativas, 16 obispos, casi 2.000 sacerdotes y más de 1.000 seminaristas.

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