El santuario de los romanos

La devoción por la ‘Madonna del Divino Amore’ empezó de la mano de unos pastores. Durante la Segunda Guerra Mundial, Pío XII le dio el título de ‘Salvadora de la Urbe’. Hoy, por las calles de Roma es fácil ver imágenes del ‘Divino Amore’. Son pequeñas capillas a cuyos pies dejan flores ciudadanos anónimos. Da igual la ideología o la fe de cada uno, la Virgen está arraigada en el corazón de los romanos.

Aunque está fuera de la mayoría de las rutas turísticas, cada año miles de personas peregrinan al Santuario del Divino Amore, a las afueras de Roma. Durante los 14 kilómetros que separan la bulliciosa capital de Italia de este lugar, el viaje se realiza por una estrecha carretera rodeada de árboles que en algunos momentos parecen querer abrazar a quien transita bajo ellos. Por momentos da la sensación de estar cruzando un túnel hecho de vegetación. Rápidamente el peregrino vuelve a la realidad y se encuentra, como en la mayoría de los santuarios, con un aparcamiento lleno de coches, autobuses de turistas y personas que van persiguiendo al guía de turno para no perderse el más mínimo detalle.

El 24 de enero de 1944, durante la Segunda Guerra Mundial, la imagen de la ‘Madonna del Divino Amore’ fue llevada por varias iglesias de Roma.

La historia del santuario se remonta al siglo XIII cuando en el Castillo de Leva –perteneciente a la familia Savelli-Orsini– los pastores comenzaron a venerar una imagen mariana que había en una de las torres de la fortaleza. Siglos después, en la primavera de 1740, un peregrino fue atacado por una jauría de perros. Ante su desesperación elevó la mirada al cielo, vio a la Virgen María y le pidió ayuda. Al instante los animales dejaron de atacarle y salieron corriendo. Este hombre y la gente del lugar consideró el hecho como un milagro y la veneración por la imagen mariana comenzó a crecer. Diez años después de este suceso, el cardenal Cario Rezzonico –que sería el papa Clemente XIII– consagró una iglesia a la Virgen en el lugar del milagro y comenzaron las grandes peregrinaciones.

El 24 de enero de 1944, durante la Segunda Guerra Mundial, la imagen de la ‘Madonna del Divino Amore’ fue llevada por varias iglesias de Roma. El 4 de junio de ese mismo año llegó a la iglesia del Gesú. Allí, el pueblo romano pidió a la Virgen la liberación de la ciudad y para ello ofreció la construcción de un nuevo santuario. El Papa Pío XII dio a la Virgen el título de “Salvadora de la Urbe”, se unió a la gente de Roma y en su oración dijo: “Nosotros miramos hacia ti, Madre del Divino Amor, esperando de ti, de tu materna intercesión, nuestra salvación. Protege tu Roma”. La ciudad fue salvada sin dispararse un solo tiro. Desde entonces, cientos de personas muestran su agradecimiento por distintas cuestiones en este santuario.

Muchos de ellos son deportistas como el ciclista Merckx, quien el 4 de noviembre de 1975, tras una peregrinación, ofreció su bicicleta a la Virgen. También hay ofrendas de algunos futbolistas como Fonseca, que ofreció su camiseta de fútbol el 19 de febrero de 1997, el exmadridista Cassano o el exvalencianista Di Vaio, quien dio gracias a la ‘Madonna del Divino Amore’ tras haberse recuperado después de haber perdido el conocimiento durante cuatro minutos al golpearse en un partido.

Pero sin duda el más devoto de todos ellos es Francesco Totti, capitán de la Roma y de la selección italiana de fútbol. El 3 de julio de 2000 peregrinó al santuario y allí dejó su camiseta con un mensaje que hoy todavía se puede leer. En él le da gracias “por haberme llevado a la fe y haber guiado mis pasos. Constantemente experimento tu presencia en la alegría y en la tristeza. Te doy mi corazón de hijo fiel”. Y concluye su oración diciéndole a la Virgen que “todo lo que Tú permitas que ocurra será para mí un proyecto de amor”.

El nuevo santuario

En 1996 se puso la primera piedra para la construcción del nuevo santuario. Cuatro años más tarde, con motivo del Gran Jubileo del 2000, se terminó una estructura con capacidad para 1.500 peregrinos con grandes vidrieras y diseño contemporáneo. En uno de sus laterales está la capilla del Santísimo, donde se puede hacer oración tranquilamente mientras los turistas fotografían la arquitectura del lugar. Además del santuario, también se ha levantado una pequeña residencia de ancianos y un seminario.

[Publicado en el Semanario Alba]

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