Se trata de atacar al cristianismo

Un “nacionalcatolicismo que no resulta fácil entender”. Así explica Juan José Tamayo el hecho de que se jure un cargo público poniendo la mano abierta sobre la Biblia. Lo hace en el periódico El País.

Añade también que “dichas creencias deben permanecer en la esfera privada, nunca explicitarse en el espacio público, y menos aún en un acto político de tanta relevancia como la toma de posesión de un gobierno en pleno”. Pero no da razón, no da un argumento. Bueno sí, dice que la Biblia es un libro machista y que por tanto no debe haber biblias salvo en las sacristías. Tamayo cita el Libro de los Números haciendo una comparativa espacio-temporal tan simple y mediocre que hasta un estudiante de Logse la haría mejor. No conozco a ninguna mujer cristiana -ya sea protestante, evangélica, católica, etc- que se sienta rechazada por seguir a Jesucristo, que al fin y al cabo es lo que significa ser cristiano.

Si Tamayo entiende que el cristianismo no es la primera creencia religiosa de los españoles, tenemos un serio problema

El articulista dice que este juramento “es menos justificable aún tras más de treinta años de democracia y de no confesionalidad del Estado”. Dice que “Poner a Dios por testigo en el juramento de cargos políticos constituye un acto de teísmo político que termina por convertirse en una crasa manipulación de Dios”. ¡Ojo!, el amigo Tamayo es catedrático en la Universidad inventada para -en paz descanse- Gregorio Peces Barba. Es fácil encontrar artículos de este teólogo por diferentes páginas de internet y es sencillo saber que azota a la Iglesia católica siempre que puede. Recordemos, por ejemplo, que dijo que la visita de Benedicto XVI a Madrid con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud en agosto de 2011 era “un error”.

Tamayo escribe este artículo sabiendo que hay un lector -el de El País- deseoso de leer su texto para aplaudir con las orejas y exclamar eso de “qué mala es la Iglesia”. Dice que se manipula a Dios. Este teólogo palentino sabe que aquí nadie manipula a Dios salvo el que falta a la Verdad de pensamiento, palabra, obra y omisión. El artículo 16.3 de la Constitución Española de 1978 dice que “ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”. Rajoy y su Gobierno tienen en cuenta las creencias de la sociedad española -cristiana en mayoría absoluta- y por eso otorgan un espacio preferente al crucifijo y a la Biblia el día que juran sus cargos. ¿O quiere que pongan el Corán, la Torá o el manual didáctico de cómo ser de la Cienciología?

Si Tamayo entiende que el cristianismo no es la primera creencia religiosa -yo lo llamaría modo de vida en lugar de creencia religiosa- de los españoles, tenemos un serio problema. El director de la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Socialista -como yo llamo a este centro de educación superior que se llama Universidad Carlos III de Madrid- parece no saber que la Biblia no es exclusiva de los católicos, sino de todos los cristianos que no son católicos, incluso de los familiares y amigos de Tamayo que están bautizados, han recibido la Primera Comunión, se han confirmado, se han casado en una iglesia o han sido asistidos en momentos complicados por un sacerdote.

Los lectores de El País no se merecen artículos como el de Tamayo. Dice que Mariano Rajoy, poniendo la mano sobre la Biblia, discrimina a las mujeres. Se justifica diciendo que ahora no hay paridad en los cargos ministeriales. En mi opinión no se trata de que haya siete mujeres y siete hombres. No es cuestión de una parida de paridad, sino de competencia a la hora de desarrollar las funciones públicas. Esta igualdad de sexo -lo de decir “género” nos lleva a la Gramática, donde se habla de género neutro, ¡ojo!– en el número de cargos, Tamayo también lo reclama para las listas electorales. Da igual cómo lo hagas, lo importante para él es que se instaure la discriminación positiva tan dictada por el fallecido Peces Barba y sus acólitos de los departamentos de Filosofía y Derecho de aquella universidad del sur de Madrid.

Ya para rematar, se acuerda de Alberto Ruiz-Gallardón y le cruje por garantizar el derecho a la maternidad y querer acabar con el asesinato de niños en el vientre de su madre. En su opinión, es positivo que una mujer tenga derecho a ir corriendo a que le claven en sus partes nobles un instrumento médico cuyo nombre desconozco para matar al hijo que ha concebido tras trincarse al vecino, al novio o al marido. Yo a eso lo llamo asesinato con todas las letras. Ni interrupción voluntaria, ni aborto, ni eufemismos impuestos por el lobby de turno. ¿Te parece que soy radical? Más radical es estar a favor de matar a una persona que está gestándose en el interior de una mujer.

El aborto es un asesinato

Que cualquier gobierno o partido político apueste por los valores como la vida humana, la familia y la tradición de nuestros antepasados me parecerá siempre correcto ya que desarrollan políticas en las que pretende trabajar para que -sin pensar en Hollywood- el bien impere sobre el mal. Es lamentable que queramos ser otra cosa distinta a la que fuimos, hemos sido, somos y seremos. Qué simple es atacar al cristianismo.

2 comentarios en “Se trata de atacar al cristianismo

  1. Pingback: Atacar a la Iglesia católica « El Blog de Pablo H. Breijo

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