Historia de la Guardia Civil en el mundo

El segundo Duque de Ahumada fundó en 1844 la Guardia Civil. La creó con vocación de servicio a España pero pronto la Benemérita traspasaría las fronteras de nuestro país. En 1847, tres años después de su fundación, desarrolló su primera misión internacional.
Fue en Portugal, nación que se encontraba azotada por una guerra civil que fue conocida como la Patuleia. Nuestro país formaba parte de la Cuádruple Alianza junto a Reino Unido, Portugal y Francia. España envió una Unidad de Caballería de la Guardia Civil para garantizar la seguridad y patrullar en la ciudad portuguesa de Oporto.

Se ha visto que a lo largo de su historia, fuera de nuestras fronteras, la Guardia Civil siempre ha sido aclamada y envidiada

La Benemérita pronto comenzaría también a servir fuera de la Península Ibérica pero dentro de los dominios coloniales de España. En 1895, tras las tentativas de independencia de Cuba, se destinarán 5.280 guardias civiles que se desplegarán por toda la isla para garantizar la soberanía. Uno de los momentos más importantes fue la defensa del puesto de Dolores por parte de once de guardias civiles. Hasta allí se dirigieron más de 300 insurrectos cubanos que entregaron una carta al Comandante del Puesto invitándole a abandonar aquel lugar y amenazándole diciendo que “para no cometer un acto infame y dar muerte terrible a ustedes, que serán víctimas de su Gobierno, les advierto esto, para si quieren entregarse sin formar combate y librarse de perecer” y añadía que “si se entrega y quiere pasar a nuestras filas, obtendrá el grado de Sargento primero, y en buena paz y unión le ofrezco la mayor consideración y hermandad”.

La respuesta del guardia civil Santa Eulalia, al mando del Puesto, fue clara: “Enterado de su atenta carta, debo de manifestar que yo soy muy español y sobre todo pertenezco a la Benemérita Guardia Civil. Prefiero mil veces la muerte que yo serle traidor a mi patria y olvidar el juramento de fidelidad que presté a la gloriosa bandera española, en cuya defensa derramaré hasta mi última gota de sangre antes de cometer la vileza de entregarme con vida a los enemigos de España y de mi Rey”. Y, en referencia a lo que le ofrecían los rebeldes, Santa Eulalia añadió que “el ascenso que me proponen para nada lo necesito, pues estoy orgulloso de vestir el uniforme de Guardia Civil y mi mayor gloria sería morir con él. Mis jefes también saben premiar a los que saben defender su honra, y así es, que reunido con todos mis dignos compañeros, rechazamos con energía todas vuestras predicaciones y amenazas, y estrechados como buenos hermanos y como defensores de este pedazo de terreno gritamos, pero muy alto, para que ustedes lo oigan: ¡Viva España!, ¡Viva nuestro Rey!, ¡Viva la Guardia Civil! Aquí estamos dispuestos a morir, vengan cuando gusten a tomar el pueblo, para que lleven su merecido”, escribió Santa Eulalia.

Ante la gallardía española, los cubanos rebeldes desistieron de su idea de invadir el Puesto de Dolores. Dos años después, bajó la dirección del capitán general de Cuba, Valeriano Weyler, –cuyas maneras de actuar fueron criticadas por muchos– la Guardia Civil se encargó de tareas de defensa frente a la insurgencia en la isla. En 1898, España perdería sus últimas colonias, Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

Pese a la salida forzosa de nuestro país de América, en muchos países quedó marcado el buen hacer de la Guardia Civil. Por ejemplo, en El Salvador, en 1867, la Benemérita apoyó y asesoró el intento de creación de un cuerpo policial en aquella nación americana. De esta misión, que continuó en 1912, se encargó el capitán Martín Garrido. En 1914 fue sustituido por el coronel de la Guardia Civil José Tomás Romeu, acompañado por los capitanes Manuel Pizarro Cenjor y Manuel Andrés López. La tarea de estos mandos fue fundamental en el proceso de instauración del modelo de la Guardia Civil española en Iberoamérica y sentó precedente para los demás países de aquel continente. Uno de los capitanes, ascendido en Centroamérica al grado de coronel, llegó en 1921 a ser inspector general de Seguridad en El Salvador. Posteriormente, un comandante y otros dos capitanes, llegaron en 1924 a dicho país y consiguieron que se aprobara la ley orgánica de la Guardia Nacional, ostentando el lema “el honor es su divisa”, al que se añadió, “como en la madre Patria”, refiriéndose a España.

Además de en El Salvador, la Benemérita también dejó su sello en Perú en los años 1855 y 1921. Se creó el Cuerpo de Gendarmería con un reglamento inspirado en los postulados de la Guardia Civil. En 1921, un teniente coronel, tres oficiales y un suboficial llegaron en misión de asesoramiento y lograron crear tres cuerpos policiales: la Guardia Civil peruana, el Cuerpo de Seguridad o de Orden Público –que se llamó Guardia Republicana– y el Cuerpo de Investigación y Vigilancia. Para estas tres unidades existió una escuela común dirigida por la Guardia Civil española. Es de destacar que estos guardias civiles se encargaron de formar un Batallón de Tráfico, tres décadas antes de la creación en España de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil. La misión terminó en 1936 debido al comienzo de la Guerra Civil española, pero se reinició en 1949 con un coronel y dos comandantes.

Los archivos históricos de la Guardia Civil recogen que también Guatemala solicitó el apoyo de España en la creación de sus fuerzas armadas en los años 1894 y 1960. En el primer año se produjo la solicitud del gobierno guatemalteco pero no llegó a materializarse. En 1912, dos capitanes y un sargento asesoraron en misión internacional para formar la Guardia Nacional de aquel país. Con posterioridad, un comandante y dos capitanes intervendrán en la aprobación de la ley orgánica de la Guardia Nacional en 1924. En la década de los sesenta del siglo XX se envió a miembros del cuerpo de oficiales de la Benemérita para misiones de asesoramiento y apoyo.

Durante décadas, la Guardia Civil ha sido ejemplo para cuerpos de seguridad de todo el mundo

Otro país de América que también se nutrió del buen hacer de la Benemérita fue Colombia. En los años 1902, 1916 y 1919 se intentó crear un cuerpo de policía que tomase las mismas bases de la Guardia Civil. Lo mismo ocurrió en Costa Rica en 1920 y en Venezuela entre los años 1936 y 1940. La Benemérita era un referente para toda Iberoamérica.

Pero no solamente en aquel lugar del planeta, también en Europa. Por ejemplo, en 1934, Francia y Alemania consideraron a nivel oficial la posibilidad de que la Guardia Civil española garantizase el derecho a voto y el mantenimiento del orden público el 13 de enero de 1935 durante el plebiscito organizado por la Sociedad de Naciones para resolver la cuestión de Sarre, una región al suroeste de Alemania en la que se refugiaron un buen número de opositores al nazismo y que estaba fuera del control del Tercer Reich. La consulta popular se realizó para elegir a quién debía pertenecer esta zona. Los resultados despejaron las dudas y una gran mayoría absoluta decidió que Sarre era parte de Alemania y debía estar bajo el poder de Hitler, y no pertenecer a la vecina Francia o encontrarse en una situación de statu quo.

Otro de los papeles fundamentales que desarrolló la Guardia Civil en esta Europa azotada por las guerras fue la participación de algunos miembros en la División Azul. Cuando el 22 de junio de 1941 las tropas alemanas entraron en el territorio soviético, el gobierno español decidió organizar con la mayor brevedad posible una División de Voluntarios, que quedaba encuadrada en la Wehrmacht y que marcharía al nuevo frente del Este, a la Unión Soviética. En el Ministerio del Ejército se constituyó una comisión para estudiar las necesidades de efectivos y materiales que serían precisos. Entre los numerosos planteamientos destacó el de contar con efectivos de la Guardia Civil en esta campaña. Al principio su entidad fue de una sección formada por 52 hombres. Formarían parte de la policía militar alemana, vistiendo sus uniformes y distintivos, y su tarea sería la de acompañar la marcha de la División durante más de 3.000 kilómetros, regular el tráfico durante los desplazamientos y campamentos, así como mantener el orden y la disciplina internos.

Al comunicar el Ministro del Ejército, José Enrique Varela Iglesias, la necesidad de contar con efectivos de la Guardia Civil para incorporarse a la División de Voluntarios que se iba a organizar, la respuesta del General de División Eliseo Álvarez Arenas, su Director General, no se hizo esperar: “En esta Dirección General y fuerzas dependientes de la misma, son voluntarios para servicios tan honrosos, desde el Director General, Jefes y Oficiales de las Armas y Cuerpos del Ejército y de la Guardia Civil, hasta el Guardia 2º más moderno, rogando a V.E. tenga a bien comunicar con la urgencia posible las Unidades que deba organizar el Cuerpo de la Guardia Civil para prestar sus servicios peculiares en la Gran Unidad Expedicionaria del Ejército que se organice”.

Antes de partir, estos guardias civiles tuvieron un periodo de instrucción en Baviera (Alemania). Después, fueron hacia la Unión Soviética donde, con el paso del tiempo, se fue ampliando el número hasta 320 hombres que se articularon en dos agrupaciones y desarrollaron misiones como vigilancia, escolta, auxilio o control.

El 20 de octubre de 1943, la División española de Voluntarios –popularmente conocida como la División Azul dado el alto número de falangistas que había en la misma– recibió la orden de regresar a España. La situación había empezado a cambiar y el gobierno español decidió su sustitución por una unidad de entidad menor, que pasó a denominarse Legión Española de Voluntarios, más conocida como la Legión Azul, quedando constituida oficialmente el 17 de noviembre. Este cambio, que no volvió a tener relevos, provocó consecuentemente una importante disminución de efectivos de la Guardia Civil, al hacerse ya innecesario cubrir tantos puestos. Hasta el 12 de abril de 1944, fecha en que entró oficialmente en España el último contingente de la Legión Azul, el despliegue de la Benemérita, bajo el mando del capitán Ángel Ramos Patiño, que contaba con un brigada y un guardia conductor, quedó integrada por una sección de vanguardia formada un teniente, un sargento, cuatro cabos y 38 guardias; y una sección de retaguardia, compuesta por un teniente, tres sargentos, dos cabos y 30 guardias. En todo este periodo sirvieron un total de cinco capitanes, 16 tenientes y 320 suboficiales y guardias civiles.

La Guardia Civil garantiza la paz y la seguridad en cualquier lugar en el que se despliega

Además de estas tareas en otras naciones de Europa, aun habiendo perdido las colonias en América, España –y, por supuesto, la Guardia Civil– siguió presente fuera de la Península Ibérica. En 1926 se creó un Tercio Africano debido a la presión de la resistencia en Marruecos. Allí la Guardia Civil llevó a cabo tareas de contrainsurgencia y policía militar.

En la actualidad, y desde el año 1989, la Guardia Civil ha estado presente en diferentes escenarios debido a que España forma parte de organismos supranacionales como la Organización de Naciones (ONU), la Unión Europea (UE) o la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). La Benemérita tiene tres campos de actuación bien diferenciados como son la cooperación con otras policías u organismos internacionales; el soporte a la acción del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación (MAEC); y la participación en operaciones de gestión de crisis. Es común ver a la Guardia Civil trabajando con otras fuerzas policiales –a las órdenes de entidades superiores como Interpol o Europol– en operaciones contra el terrorismo, la inmigración irregular o el crimen organizado.

La Guardia Civil ha participado en la ONUSAL, la Misión de Naciones Unidas para El Salvador entre los años 1991 y 1995. También en una misión similar –la ONUMOZ– en Mozambique entre los años 1992 y 1994.

Bajo el mando de la OTAN, la Benemérita ha prestado servicio en Bosnia Herzegovina en la ‘IFOR – Operation Joint Endeavour’. Y, posteriormente, bajo el mandato de la ONU en la como fuerzas de la Fuerza Internacional de Policía de las Naciones Unidas –IPTF en sus siglas en inglés– que tuvo como objetivo principal el restablecimiento del Estado de Derecho en Bosnia Herzegovina. Además de en la exYugoslavia, la Guardia Civil ha prestado servicio en los cinco continentes. Las más recientes han sido las misiones en Georgia, Gaza, Líbano o Haití.

La Benemérita mantiene permanentemente en el exterior, en este tipo de misiones, una media de 300 miembros. Hasta 2010 más de 5.000 guardias civiles habían participado en ellas en tareas como garantizar la paz y la seguridad en los países afectados. Unos cometidos que tienen como eje tres facetas: servir como policía militar, que es una labor que la desarrolla normalmente dentro de contingentes de las Fuerzas Armadas, apoyando a la seguridad de las bases, su orden interno, actuando como policía judicial y fiscal controlando la entrada y salida de mercancías; siendo policía en sentido estricto en cada una de las misiones. Por ejemplo en países desestructurados, la Guardia Civil ha participado y participa ejerciendo de fuerza policial multinacional. Estas tareas se compaginan con labores de enseñanza, de tal manera que poco a poco la policía del país pueda irse haciendo cargo de la seguridad. Y en tercer lugar, en tareas de formación y asesoramiento, que suelen ser las más comunes de las labores realizadas. Se inician en centros de formación y se continúan monitorizando la acción de la policía en la calle. Estas misiones garantizan que los conocimientos impartidos en centros de enseñanza se pongan en práctica, enseñando mediante el ejemplo y la tutoría y consiguiendo que las nuevas fuerzas de seguridad interioricen comportamientos de acuerdo con los derechos humanos y las buenas prácticas de los códigos deontológicos policiales.

Su doble carácter policial y militar, hace de la Benemérita una herramienta idónea para ser desplegada fuera de España en apoyo a misiones de gestión de crisis o necesidades de ayuda humanitaria. Se ha visto que a lo largo de su historia, fuera de nuestras fronteras, la Guardia Civil siempre ha sido aclamada y envidiada.

[Artículo publicado en el número 41 de la Revista ‘Orden y Ley’, de la Asociación Duque de Ahumada de la Guardia Civil]

 

 

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