¡Santiago, y cierra, España!

Más de uno, si pudiese, diría que el vínculo del apóstol Santiago con nuestro país fue un invento de Francisco Franco o un mito creado por la Iglesia católica para ir en contra de los musulmanes. Nada más lejos de la realidad. El patrón de España fue uno de los doce hombres elegidos por Jesucristo para que fuesen sus discípulos. Tras resucitar, Jesús envió a los apóstoles a todos los rincones del mundo para que predicasen la Palabra de Dios.

Un apóstol que, aunque para algunos sea políticamente incorrecto, siempre será patrón de España

Narran los textos medievales que el mayor de los vástagos del Zebedeo -apodados los “hijos del trueno”- arribó a Hispania para anunciar el Evangelio. Tras su paso por las tierras que hoy forman nuestro país, Santiago el Mayor viajó a Jerusalén, donde, cuatro años después, Herodes Agripa I -nieto del Herodes que mandó asesinar a los Santos Inocentes- le decapitó por ser seguidor de Jesucristo. La tradición cuenta que sus restos mortales fueron trasladados hasta Compostela, donde hoy reposan desde el siglo IX. Una tradición que es negada por algunos historiadores pero que fue confirmada en 1884 por una bula del papa León XIII.

Cuestiones y debates históricos aparte, la vida militar española siempre ha estado muy vinculada a la figura de este apóstol. En decenas de batallas, la frase “¡Santiago, y cierra, España!” dio fuerzas y moral a las tropas cristianas que hacían frente a los seguidores de Mahoma. Pero, ¿cuál es el origen de este grito castrense?

Si bien es cierto que nadie sabe quién fue el primero que acuñó esta frase que ensancha corazones, algunos historiadores defienden que se comenzó a usar a inicios del siglo noveno bajo el reinado del monarca asturiano Alfonso II el Casto. Otros, como Rodrigo Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo y Primado de España a comienzos del siglo XIII, recoge en su texto “De rebus Hispaniae” lo acontecido en la batalla de Clavijo, donde las tropas cristianas habrían pedido ayuda al apóstol antes de luchar.

El documento narra que, en mayo del año 844, el rey Ramiro I de Asturias tuvo un sueño en el que se le apareció Santiago cabalgando sobre un caballo blanco. El mayor de los “hijos del trueno” le dijo al Rey que el ejército cristiano vencería al musulmán. Al día siguiente, animados por la intercesión del apóstol, las tropas del monarca asturiano arrasaron a los más de 60.000 seguidores de Mahoma. El discípulo de Cristo se ganó el apodo de “matamoros”.

En aquella jornada se estableció el Voto de Santiago. Es decir, tras cada una de las conquistas, la tierra recuperada para la cristiandad debía ofrecer cada año una serie de bienes a la catedral de Compostela para agradecer al santo su ayuda. A partir de 1646, siendo ya España una unidad bajo el cetro de Felipe IV, se decretó que esta ofrenda la harían los Reyes; algo que en la actualidad -aunque en algunas ocasiones el rey Juan Carlos delegue en otras personas- se puede ver cada 25 de julio en la catedral de la capital de Galicia.

El apóstol también se apareció a finales del siglo X al conde Fernán González en víspera de la batalla de Hacinas. Dicen las crónicas que la contienda comenzó al grito de “¡Santiago, y cierra!”, y finalizó con la victoria cristiana sobre los ejércitos mahometanos de Almanzor.

Quién sabe si algún cristiano se desgañitó pronunciando “¡Santiago, y cierra, España!” en Clavijo, las Navas de Tolosa o El Salado durante la Reconquista. O si algún español harto del incordio francés gritó pidiendo la intercesión del apóstol en Sagunto o en Bailén durante la Guerra de Independencia.

Lo que es seguro es que era un clamor muy usado al entrar en batalla. Hasta Cervantes puso en boca de Sancho Panza la duda sobre el significado de esta exclamación. El escudero pregunta si “¿está por ventura España abierta, y de modo que es menester cerrarla, o qué ceremonia es ésta?”. A lo que Don Quijote, en referencia al apóstol, le explica que los españoles “le invocan y llaman como a defensor suyo en todas las batallas que acometen, y muchas veces le han visto visiblemente en ellas, derribando, atropellando, destruyendo y matando los agarenos escuadrones”.

La duda de Sancho la puede tener cualquiera que hoy pronuncie esta exclamación. En primer lugar, se quiere pedir intercesión a Santiago; por otro lado, según la Real Academia Española, el verbo “cerrar” -en su trigésimo segunda acepción- significa trabar batalla, embestir o acometer; y en tercera instancia, se gritaría España en referencia a los soldados y su defensa de la patria.

Durante siglos, la frase se siguió usando. De hecho, los últimos versos del actual himno de la Caballería española, de quien el apóstol es patrón, dicen “Vais a la muerte con alegría con el galope de la Caballería. Un grito pone fin a la hazaña, con nuestro lema: Santiago, y cierra, España”.

Desde que en 1630 el papa Urbano VIII declaró al santo como único patrón de nuestro país, los españoles sentimos como nuestra la cruz de color bermellón y la figura del hermano mayor de San Juan. En los últimos años no han sido pocos los que han intentado desvincular al hijo mayor de Zebedeo de la tradición española. Por ejemplo, para “evitar herir sensibilidades de otras religiones”, en 2004 se retiró la estatua ecuestre de Santiago Matamoros que había en la catedral de Compostela. Un apóstol que, aunque para algunos sea políticamente incorrecto, siempre será patrón de España.

>> Marketing patrio:

Durante el franquismo se editaron comics cuyos personajes, en alguna ocasión, se lanzaban a la batalla voceando aquello de “¡Santiago, y cierra, España!”. Las aventuras del Capitán Trueno o el Guerrero del Antifaz llenaron horas y horas de diversión a comienzos de la segunda mitad del siglo XX. El régimen de Franco usó esta bella frase de la Reconquista para instaurar el fervor patrio en los niños y jóvenes de la época. Marketing hispano nacido en Clavijo, un pequeño pueblo de La Rioja.

[Artículo publicado en el Semanario ALBA]

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