Un año revolucionario para la Iglesia católica

Comienza para la Iglesia católica una renovación en las formas de anunciar la Palabra de Dios. El 24 de octubre de 2010, Benedicto XVI convocó a todos los obispos del mundo para un sínodo especial titulado “La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”. Pero, ¿qué es un sínodo?

Benedicto XVI

La Iglesia celebró en octubre cinco grandes ceremonias y eventos religiosos

Según la definición que da la Iglesia católica en el canon 342 del Código de Derecho Canónico, un sínodo “es una asamblea de obispos escogidos de las distintas regiones del mundo, que se reúnen en ocasiones determinadas para fomentar la unión estrecha entre el Romano Pontífice y los obispos”, y añade que se convoca para “ayudar al Papa con sus consejos para la integridad y mejora de la fe y costumbres y la conservación y fortalecimiento de la disciplina eclesiástica, y estudiar las cuestiones que se refieren a la acción de la Iglesia en el mundo”.

Entre el 7 y el 28 de octubre de 2012, en el Vaticano se celebraron encuentros, conferencias y debates para ver qué rumbo tomar en la transmisión de la fe cristiana en el mundo y sociedad actuales. En los meses previos a este sínodo, en el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, presidido por el italiano Rino Fisichella, se recibieron centenares de ideas y sugerencias desde todo el mundo con el objetivo de que fuesen tomadas en cuenta en las reuniones. Todas las reflexiones y opiniones fueron incluidas en el documento “Instrumentum laboris”.

Además de decenas de obispos, participó casi un centenar de superiores de congregaciones religiosas y representantes de movimientos apostólicos de la Iglesia católica, entre ellos ocho españoles entre los que destacan Kiko Argüello, iniciador del Camino Neocatecumenal; Jesús Higueras, sacerdote de la parroquia de Santa María de Caná, ubicada en Pozuelo de Alarcón (Madrid); o Lydia Jiménez, directora de las Cruzadas de Santa María.

Este sínodo se dividió en cuatro capítulos en los que se habló, por ejemplo, del deber que tienen los católicos de anunciar la Palabra de Dios; el papel de la cultura en la nueva evangelización; la importancia de las parroquias como pequeñas comunidades cristianas; u otros aspectos como la transmisión de la fe en la familia o la educación.

Además de los españoles, participaron otras personalidades muy conocidas en el ámbito eclesial como el sacerdote Marco Frisina, director del coro de la diócesis de Roma y autor de centenares de piezas musicales para cine y televisión; Marko Ivan Rupnik, famoso por sus obras artísticas realizadas a base de mosaicos; o Salvatore Martínez, presidente de la versión italiana del movimiento apostólico Renovación Carismática Católica. En total, 94 asistentes venidos de los cinco continentes a los que se sumaron dos relevantes personajes no católicos: el Patriarca Bartolomé I, principal líder ortodoxo, y al primado anglicano Rowan Williams.

Pero esta asamblea sinodal no fue un evento celebrado de forma aislada. Durante el mes de octubre tuvieron lugar en Roma otras tantas celebraciones. El pasado 11 de octubre se conmemoró el 50 aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, una asamblea ecuménica a la que asistieron más de 2.000 padres conciliares. Esta asamblea fue convocada e inaugurada por el papa Juan XXIII y clausurada por su sucesor Pablo VI. Para muchos, tanto dentro como fuera de la Iglesia católica, el Vaticano II fue uno de los acontecimientos más importantes de la historia del siglo XX. Sus objetivos fueron promover el desarrollo de la fe católica, lograr una renovación moral de la vida cristiana de los fieles, adaptar la disciplina eclesiástica a las necesidades y métodos contemporáneos y lograr la mejor interrelación con las demás religiones, principalmente las orientales.

Se cumple el 50 aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II

Se cumple el 50 aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II

Las conclusiones del Vaticano II hoy continúan presentes para la Iglesia católica. Prueba de ello es que en julio de 2012, en una visita pastoral a la localidad italiana de Frascati, Benedicto XVI afirmó que “los documentos del Concilio contienen una riqueza enorme para la formación de las nuevas generaciones cristianas, para la formación de nuestra conciencia. Así que leedlos, leed el Catecismo de la Iglesia católica y así redescubrid la belleza de ser cristianos, de ser Iglesia, de vivir el gran ‘nosotros’ que Jesús ha formado en torno a sí, para evangelizar el mundo: el ‘nosotros’ de la Iglesia, jamás cerrado, sino siempre abierto y orientado al anuncio del Evangelio”.

Al aniversario del Concilio y la celebración del sínodo, se unió la apertura del Año de la Fe. Este inicio se hizo coincidir con los cincuenta años del también comienzo del Vaticano II. Pero, ¿por qué la Iglesia dedica un año a la fe? El papa Benedicto XVI lo explica en su carta apostólica ‘Porta Fidei’, publicada el 11 de octubre de 2011. En ella afirma que “el Año de la Fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo” y espera que esta celebración suscite en todo creyente “la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza”. Además, el Papa afirma que “será también una ocasión propicia para intensificar la celebración de la fe en la liturgia, y de modo particular en la Eucaristía, que es la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y también la fuente de donde mana toda su fuerza”.

Para seguir al día las actividades que se realizan en torno a este Año de la Fe, el Vaticano ha puesto en marcha annusfidei.va, un sitio web en donde se publican fotos, vídeos, se conversa en las redes sociales de internet y en el que se pueden leer importantes documentos de la Iglesia relacionados con el tema.

Y si Roma iba a estar llena de gente gracias al sínodo de nueva evangelización, la celebración del aniversario del Concilio Vaticano II y la apertura del Año de la Fe, se sumaron las grandes celebraciones religiosas. Haciéndolo coincidir con la apertura de la asamblea sinodal, Benedicto XVI proclamó nuevos doctores de la Iglesia a la alemana Santa Hildegarda de Bingen y al español San Juan de Ávila. Fue durante la misa celebrada el domingo 7 de octubre ante una plaza de San Pedro abarrotada de gente. Pero, ¿qué es un Doctor de la Iglesia? Este título se da a santos cuya enseñanza teológica es válida para todos los tiempos. Benedicto XVI así lo reconoció para esta monja alemana y este sacerdote español.

Santa Hildegarda nació en 1098 en Bermersheim, cerca de Maguncia (Alemania). A los seis años comenzó a tener visiones, con quince hizo la profesión como monja y a los 38 se convirtió en la abadesa del convento benedictino en el que vivía. Como las visiones que había tenido de pequeña continuaban, Hildegarda comenzó a escribir “Scivias”, una obra que tardó en redactar diez años y en la que recogió todas estas visiones en las que veía, entre otros, algunos pasajes de la vida de Jesucristo, la expulsión de Adán y Eva del Paraíso, o escuchaba coros de ángeles. Cuando tenía estas visiones ni estaba soñando, ni perdía el conocimiento. En una ocasión escribió que “no oigo estas cosas ni con los oídos corporales, ni con los pensamientos de mi corazón, ni percibo nada por el encuentro de mis cinco sentidos, sino en el alma, con los ojos exteriores abiertos, de tal manera que nunca he sufrido la ausencia del éxtasis. Veo estas cosas despierta, tanto de día como de noche”. Santa Hildegarda murió el 17 de septiembre de 1179 a los 81 años de edad.

Por su parte, San Juan de Ávila, paradójicamente, no nació en la ciudad castellanoleonesa, sino en la manchega Ciudad Real. Fue ordenado sacerdote en 1526 y para festejarlo invitó a comer a doce pobres, vendió sus bienes y los distribuyó entre los necesitados. Un punto llamativo en su vida se dio en 1531 cuando fue procesado por la Inquisición en Sevilla. Durante dos años, Juan de Ávila estuvo encarcelado y aprovechó para redactar ‘Audi, filia’, un comentario al salmo 44 del Antiguo Testamento. Una vez liberado, el santo español predicó por tierras andaluzas recalando en lugares como Córdoba o Granada, donde fundó varios colegios. Murió en la localidad cordobesa de Montilla el 10 de mayo de 1569. Es patrón del clero español desde el año 1946.

Con estos dos nuevos nombramientos de Benedicto XVI, el número de doctores de la Iglesia ha ascendido a 35. En los últimos pontificados, Pablo VI nombró a otros dos doctores de la Iglesia: Santa Teresa de Jesús y Santa Catalina de Siena. Juan Pablo I no tuvo tiempo de nombrar ninguno y Juan Pablo II proclamó a una, Santa Teresa de Lisieux, en 1997.

Como se puede comprobar, el mes de octubre ha sido muy fructífero en cuanto a celebraciones eclesiales. Y si para ser doctor de la Iglesia es preciso ser santo, Benedicto XVI canonizó a siete beatos el pasado 21 de octubre. Fue una gran ceremonia que abarcó desde Asia a América, pasando por el continente europeo. Entre ellos, la primera india americana que sube a los altares y la principal colaboradora del Padre Damián.

Uno de los nuevos santos es el italiano Giovanni Battista Piamarta. Nació en la localidad de Brescia en 1841 y fundó dos órdenes religiosas: el Instituto Artigianelli y la Congregación de la Sagrada Familia de Nazaret. Tenía como objetivo dar respuesta a las necesidades materiales y espirituales de los jóvenes que iban a trabajar a Brescia. El papa Juan Pablo II lo proclamó beato el 12 de octubre de 1997.

También es nuevo santo el francés Jacques Berthieu, un sacerdote jesuita que fue hecho prisionero mientras anunciaba la Palabra de Dios en Madagascar. A quienes le invitaban a rechazar su fe, Berthieu les respondía con un “prefiero morir”. El 8 de junio de 1896, mientras rezaba por sus captores, fue asesinado a tiros y su cuerpo fue arrojado al río Mananara. Es por ello que la Iglesia lo considera mártir de la fe. Fue beatificado por Pablo VI el 17 de octubre de 1965, durante el Concilio Vaticano II.

También, Benedicto XVI nombró santa a la española María del Monte Carmelo Sallés, nacida en Vic (Barcelona) en 1848. En 1892 fundó la congregación de las Hermanas de la Inmaculada Concepción Misioneras de la Enseñanza, donde se dedicó a preparar a las religiosas que iba a ser maestras en disciplinas como magisterio, piano o lengua francesa. En total, abrió 13 casas dedicadas a que las hermanas de su congregación recibiesen estudios para impartir clases. El 15 de marzo de 1998, Juan Pablo II la beatificó.

En este listado de nuevos santos también está Marianne Cope, la franciscana alemana que en 1888 viajó hasta Hawai para ayudar al Padre Damián de Molokai a atender a enfermos de lepra. Participó en la construcción de la iglesia de Santa Filomena y del colegio católico de San Francisco de Asís, en la isla. Además, allí abrió una lavandería para las leprosas y formó un coro para que cantase en las iglesias. Trabajo para que todos los enfermos de lepra tuviesen comida y medicamentos. Murió en 1918 y fue beatificada por el papa Benedicto XVI el 14 de mayo de 2005.

Quizá la más exótica de estos siete nuevos santos sea la india americana Kateri Tekakwitha, nacida en 1656. Cuando tenía 20 años, fue bautizada por los misioneros jesuitas franceses y su tribu india la rechazó por convertirse al Cristianismo. Murió en 1680 y sus últimas palabras fueron “Jesús, te amo”. Juan Pablo II la beatificó el 22 de junio de 1980.

Benedicto XVI también canonizó al joven Pedro Calungsod, quien se ha convertido en el segundo santo de la historia de Filipinas. Nació en 1654 y cuando era adolescente acompañó a los misioneros jesuitas españoles a hablar de Dios en las Islas Marianas en el Pacífico Oriental. En 1672, Calungsod acompañaba al hoy beato Diego Luis de San Vitores. Llegaron a un pueblo y les anunciaron que había nacido una niña, hija de Matapang, quien había sido cristiano y amigo de los misioneros pero que luego había apostatado. Matapang se negaba a bautizar a su hija, pero la madre estaba de acuerdo con que la niña entrase a formar parte de la Iglesia. La pequeña fue bautizada a petición de la madre y tanto el beato Diego Luis de San Vitores como el ya santo Pedro Calungsod fueron asesinados por defender el Cristianismo. Calungsod fue beatificado el 5 de marzo de 2000 por el papa Juan Pablo II.

La última de la lista, pero no menos importante, es la alemana Anna Schäfer, quien siempre quiso ser misionera. En 1901 sufrió quemaduras en sus piernas, quedó postrada en una cama y durante 24 años ofreció su dolor por la salvación de las almas. Juan Pablo II la hizo beata el 7 de marzo de 1999.

En total, la Iglesia celebró en octubre de 2012 cinco grandes eventos. El sínodo de nueva evangelización, la celebración del aniversario del Concilio Vaticano II, los doctorados de Santa Hildegarda de Bingen y San Juan de Ávila, la canonización de estos siete nuevos santos y la apertura del Año de la Fe, que durará hasta el 24 de noviembre de 2013.

Un año revolucionario para la Iglesia católica al que se unirán citas como la Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará el próximo mes de julio en Río de Janeiro (Brasil) y a la que se espera que asistan más de dos millones de personas. Además se prevé que Benedicto XVI convoque un nuevo consistorio cardenalicio por el que creará cardenales con derecho a participar en un eventual cónclave para elegir a un nuevo Papa en el futuro.

[Artículo publicado en el número 42 de la Revista ‘Orden y Ley’ de la Asociación Duque de Ahumada de la Guardia Civil]

Un comentario en “Un año revolucionario para la Iglesia católica

  1. kiero preguntarle algo a todos los catolicos y k se aga esa misma pregunta ellos por k acen a lo ke kieren uds las cosas y agarran la biblia
    dios es espiritu por k bautizan alos niños si los niños anu no tienen pecado algono por eso jesus dijo dejad k los niños vengan emi y al ke resibe a un niño en mi nopmbre ami me resibe
    dios es gran de en misericordia busken a dios pero no en estatuas de yeso feas sino en espiritu uds saben de la biblia ya no cometan mas errores dios los bendiga bay

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