Los 100 primeros días de Francisco

Papa Francisco

Papa Francisco

Parece que fue ayer cuando a través de Twitter una periodista italiana anunciaba la renuncia de Benedicto XVI. Una mezcla de incredulidad, sorpresa y tristeza se apoderó de millones de católicos que no alcanzaban a comprender por qué el Papa pronunciaba que “después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino”. Era 11 de febrero de 2013, fiesta de la Virgen de Lourdes.

Un mes después dio inicio el cónclave y el 13 de marzo de 2013 los cardenales eligieron al argentino Jorge Mario Bergoglio. Miles de personas en Roma y millones en todo el mundo dirigieron su mirada hacia el Vaticano. “Annuntio vobis gaudium magnum. Habemus Papam”. Pocos ponían cara al nuevo Papa hasta que apareció por primera vez en público como sucesor del apóstol San Pedro. Parecía asustado mientras saludaba únicamente con una mano, sin moverla. Miraba desde el balcón a miles de personas que al grito de “Francesco, Francesco” pulsaban el clic de sus cámaras, tabletas y teléfonos móviles para inmortalizar el momento.

Francisco tomó la palabra. “Hermanos y hermanas, ¡buenas noches! Sabéis que el deber del cónclave era dar un obispo a Roma. Parece que mis hermanos cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo. Pero estamos aquí. Os agradezco la acogida”. Y en vez de lanzar un discurso, guardó silencio y comenzó a rezar con quiénes le escuchaban en todos los rincones del planeta. Padrenuestro, Ave María y Gloria. Tres oraciones que marcaron el inicio de su pontificado.

Tras rezar con devoción dijo que “ahora querría dar la bendición. Pero antes os pido un favor: antes de que el obispo bendiga al pueblo, os pido que vosotros recéis al Señor para que me bendiga: la oración del pueblo pidiendo la bendición para su obispo. Hagamos en silencio esta oración de vosotros por mí”. Con silencio y oración el nuevo Papa ganó el alma de millones de personas en aquel momento.

Al día siguiente de su elección, Francisco fue a la basílica de Santa María Mayor -muy vinculada históricamente a España- donde rezó ante la imagen mariana de la “Salus Populi Romani”. En sus primeros pasos se apreciaba que la oración iba a convertirse en el centro y guía de su pontificado. De hecho, después de ser elegido Papa, en la primera misa que tuvo con los cardenales, Francisco destacó que si los católicos no rezan “acabaremos siendo una ONG asistencial, pero no la Iglesia” y usando una frase del escritor francés Léon Bloy añadió que “quien no reza al Señor, reza al diablo”, refiriéndose a que no tiene sentido seguir a Jesucristo sin abrazar la cruz. “Cuando caminamos sin la cruz, cuando edificamos sin la cruz y cuando confesamos un Cristo sin cruz, no somos discípulos del Señor: somos mundanos, somos obispos, sacerdotes, cardenales, papas, pero no discípulos del Señor”, indicó el nuevo pontífice.

Sin titubeos ni tibiezas empleaba un lenguaje claro y firme en sus mensajes. La gente le veía como un Papa cercano, menos tímido que su antecesor. Allá donde iba recibía un baño de masas que querían fotografiarle o estrecharle la mano. Poco a poco, Francisco fue mostrando detalles que anunciaban un nuevo rumbo de la Iglesia pero siempre con respeto a la doctrina. Gestos como calzar zapatos negros en lugar de los tradicionales rojos o como viajar en autobús junto al resto de cardenales camino de la residencia Santa Marta. Un lugar en el que ha vivido desde su elección. Se podría decir que renuncia a los lujos y que quiere ser humilde, pero la realidad es que quiere estar siempre rodeado de gente, desayunar con obispos que están de visita en Roma o celebrar misa para los jardineros del Vaticano. No desea aislarse encerrado en el palacio apostólico. Quiere romper con la rutina, algo que trae de cabeza a su equipo de seguridad.

Una semana después del cónclave dio comienzo la Semana Santa. Muchos pensaban que iban a ser siete días tranquilos en los que Francisco no se saldría de las ceremonias que estaban programadas. Pero “el Papa de las sorpresas” -como le llaman algunos- indicó que el Jueves Santo iba a celebrarlo con los jóvenes del “Casal del Marmo“, un centro penitenciario para menores ubicado en Roma. Allí, en el gimnasio, el vicario de Cristo lavó los pies a una docena de jóvenes. Uno de ellos le preguntó el motivo de aquella visita y Francisco le respondió que “es un sentimiento que ha salido del corazón; he sentido esto. Donde están aquellos que tal vez me ayudarán más a ser humilde, a ser un servidor como debe ser un obispo. Y he pensado ‘Casal del Marmo, probablemente’. Pero sólo ha salido del corazón. Las cosas del corazón no tienen explicación; sólo salen”. Y así fue, al día siguiente el gesto del Papa abrió informativos en televisión y fue portada de decenas de periódicos. Propios y extraños hablaban de la humildad del nuevo Papa.

Muchas personas se han sentido conquistadas por los pequeños detalles del sucesor de Benedicto XVI. En las audiencias generales de cada miércoles, el Papa recorre la plaza de San Pedro en el papamóvil y a menudo se detiene a saludar y a besar bebés, niños y discapacitados, es decir, a los más vulnerables e inocentes de la sociedad.

Francisco quiere hacer que Jesucristo llegue a todo lugar. Es un experto en dar titulares para la prensa y en hacer que los católicos se den por aludidos. Sin complejos. En una misa con sacerdotes, el Papa les invitó a ser “pastores con olor a oveja” y no ser “sacerdotes tristes”. En otra celebración exclamó que “muchas veces los cristianos tienen más la cara de ir a un funeral que de ir a alabar a Dios”. Y hace pocos días en la audiencia general afirmó que “los alimentos que se tiran a la basura son alimentos que se roban de la mesa del pobre, del que tiene hambre”.

Ahora se cumplen los 100 primeros días de un pontificado marcado por los gestos mediáticos, los pequeños detalles y las celebraciones religiosas multitudinarias. Algunos hablan de un populismo que pronto se podría desinflar. Lo que es seguro es que Francisco ha despertado corazones y ha dado un giro al rechazo que muchos tenían hacia la Iglesia católica. En los próximos meses se podrá ver cómo evoluciona un pontificado que en gran medida dependerá del nombramiento de un nuevo Secretario de Estado. Algunos aventuran que este cargo podría ostentarlo el cardenal español Santos Abril. Lo que no es una especulación es que miles de jóvenes de todo el mundo ya aguardan el inicio de la Jornada Mundial de la Juventud que del 23 al 28 de julio se celebrará en Río de Janeiro (Brasil) para dar la bienvenida al Papa al grito de “Francisco, Francisco, Francisco”.

Vatileaks, el lobby gay y la reforma de la curia

Mientras el entusiasmo por el Papa Francisco continúa en auge, el nuevo pontífice no descuida el gobierno de la Iglesia católica. Frente a él tiene el Informe Vatileaks, un documento que, supuestamente, detalla una serie de enfrentamientos, intrigas y corrupción dentro de los muros vaticanos. Unos detalles y cuestiones que según Federico Lombardi, portavoz del Vaticano, podrían haber sido tratados durante las congregaciones generales previas al cónclave en las que todos los cardenales se habrían reunido para hablar sobre el futuro de la Iglesia. El deseo de reformar la curia es patente y prueba de ello es que el pasado 13 de abril el Papa creó una comisión de ocho cardenales que le ayudarán a hacer los cambios necesarios y que le aconsejarán en el gobierno eclesial. Pero no solamente a ello. La Iglesia continúa haciendo frente a escándalos de carácter sexual. Hace unos días, un sitio web chileno se hacía eco de una supuesta declaración -no probada- del Papa en un encuentro con la directiva de la Confederación Latinoamericana y Caribeña de Religiosas y Religiosos. “Se habla del lobby gay, y es verdad, está ahí… hay que ver qué podemos hacer”, habría afirmado Francisco según este medio de comunicación.

Artículo publicado el sábado 15 de junio de 2013 en el Suplemento religioso Kolbe, del periódico La Gaceta.

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