Honor y Gloria a Miguel Ángel Blanco Garrido

Miguel Ángel Blanco Garrido

Miguel Ángel Blanco Garrido

En 1997 solamente nos podíamos informar viendo alguno de los cinco o seis canales que había en televisión, escuchando la radio, o leyendo los tres o cuatro periódicos que había por entonces a nivel nacional. No existía Internet generalizado para uso doméstico y las únicas redes sociales eran el bar o el atrio de la iglesia.

Era 12 de julio por la tarde y los españoles de bien lloraban. Lloraban una tensión contenida que estalló sin control. Un dolor expresado con palmas de las manos pintadas de blanco, con lazos azules, con gritos que clamaban “ETA, aquí tienes mi nuca”.

Tengo recuerdos imborrables de aquellos días en los que Miguel Ángel Blanco Garrido fue secuestrado y asesinado. El padre que llega del trabajo y se encuentra a decenas de periodistas en la puerta de su domicilio; la hermana, una chica rubia con gafas que estudia en Londres. Los recuerdos olvidados me los traen a la memoria las portadas de los periódicos de aquellos 11 y 12 de julio, y una foto de la cara de Miguel Ángel llena de firmas y besos. La que acompaña a estas letras. 

Hoy se cumplen 16 años de que expirara aquel plazo de 48 horas impuesto por los asesinos. Hoy sus simpatizantes -o quien sabe si aquellos que en los noventa empuñaban pistolas- ocupan escaños en ayuntamientos, diputaciones y parlamentos. Vencieron.

Vencieron porque ningún político desde entonces ha tenido el valor de querer mojarse el trasero para coger los peces. Y quien tuvo valor fue expulsado por divergencias. Y es por eso que hoy quiero también recordar la dignidad de María San Gil. La mayoría de los actuales políticos prefieren “olvidar lo sucedido”, “pasar página” o exclamar un falso “siempre en nuestra memoria”.

Y me produce repulsa que haya personas del Partido Popular -entre ellos algunos de Nuevas Generaciones– que afirman sentirse compungidos por el asesinato de Blanco y luego callan cuando malnacidos como Bolinaga pasean por la calle con total libertad. Son los mismos que lamentaron la excarcelación de De Juana Chaos bajo un gobierno socialista. Así es la Política de cualquier signo. Usaron, usan y usarán a las víctimas del terrorismo en favor propio.

El problema está en que a la mayoría de esos políticos -o aspirantes a tener un cargo- no les hierve la sangre cuando escuchan el nombre del concejal vasco asesinado por la banda terrorista ETA. Honor y Gloria a Miguel Ángel Blanco Garrido.

Esta es la canción “Una lluvia violenta y salvaje”, que Carlos Goñi, vocalista de Revólver, compuso en la noche del 12 de julio de 1997.

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