Las monjas de Iesu Communio piden ayuda

Era la primera vez que acudía a una boda en un convento. Las novias eran María Blanca y Francesca María. El novio, Jesucristo. El pasado sábado 8 de noviembre de 2014 estas dos religiosas profesaron votos permanentes en el Instituto religioso Iesu Communio, en La Aguilera (Burgos).

La nueva iglesia en Iesu Communio está a pocos pasos del locutorio

La nueva iglesia en Iesu Communio está a pocos pasos del locutorio

Fue una boda emocionante. Las novias recibieron su anillo de esposas y fueron coronadas con una tiara de flores blancas. Radiaban felicidad y amor. Habían pronunciado un “sí quiero” a Dios rodeadas de familiares, amigos y sus más de 200 hermanas religiosas.

Como me recordó la hermana María Efraínen Iesu Communio pasa el tiempo pero no pasa el Amor. Y es verdad. En estos años han aumentado las vocaciones a la vida consagrada en este pueblecito de la fría provincia de Burgos. Esos dos centenares de chicas y las personas que van a visitarlas necesitan un mayor espacio para la oración ya que la actual capilla -ubicada en el claustro techado del monasterio de San Pedro Regalado– se ha quedado pequeña para las celebraciones litúrgicas.

Es por ello que las monjas piden ayuda en su sitio web para finalizar la construcción de un nuevo templo. Lo hacen con un breve texto titulado “Jamás nos faltó Providencia” que dice así:

Queridos familiares y amigos de Iesu Communio:

Nos parece un sueño ver alzarse ya la nueva iglesia en nuestra casa. Nuestro deseo es que en este templo consagrado al Señor, Él sea amado y bendecido; que sea un lugar de oración, donde se pueda celebrar la liturgia y los sacramentos con dignidad.

La construcción de este nuevo templo era ya apremiante tanto para nosotras, las hermanas que pasamos largas horas del día en la iglesia, como para vosotros, que os acercáis sedientos de Cristo y de su Palabra a nuestras celebraciones y oraciones.

Ha sido muy gravoso poder levantarlo, pero el Señor ‘ha peleado’ a favor. Pudimos comenzar gracias al apoyo económico inicial de un bienhechor, que con su generosidad nos dio el impulso inicial cuando era imposible afrontarlo con nuestra economía.

Pero falta mucho aún… Hemos tratado de hacer todo con sobriedad, pero con la dignidad propia de una casa de Dios. Después de pagar la construcción de la Iglesia, todavía necesitaríamos ayuda para bancos, confesionarios, megafonía, calefacción, etc. Por eso nos atrevemos a pedirte, si es posible, tu aportación económica –aunque sea pequeña, es mucho–, y sobre todo tu oración para que perseveremos en el amor a Cristo y a su Iglesia.

Gracias porque nos sentimos muy queridas y respaldadas por todos en este momento tan naciente de nuestro peregrinar. Benedictus benedicat.

Un abrazo entrañable y lleno de agradecimiento.

Hermanas de Iesu Communio

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