Fernando Iglesia, El Manix

En el salón de mi casa hay un cuadro en el que aparece una playa con dos barcas. Unas embarcaciones que quizá esperan ser reparadas o solamente desean que regrese la temporada de pesca para volver a salir a la mar. En la parte inferior derecha aparece la firma del pintor: Iglesia.

No sé por qué razón, hace unos veinte años decidí que si algún día tenía que escoger algo que llevarme a una isla desierta o a cualquier otro lugar, ese objeto sería el cuadro de las barcas pintado y firmado por Iglesia. Por Fernando Iglesia, El Manix.

Fernando Iglesia El Manix

El Manix fue piloto. Amaba surcar el cielo con un avión militar, con un Jumbo comercial, con un ultraligero o con un autogiro que había sido diseñado por Juan de la Cierva y que casi le deja sin brazo en su querida Fundación Infante de Orleans. Daba igual con qué. Había que volar. La primera semana de marzo de 2016, El Manix se puso su casco de piloto, ajustó los controles, dio las gracias a la torre de control y subió al cielo por última vez para quedarse. Esta vez el viaje era al Cielo con mayúscula tras haber batallado durante años contra una dura enfermedad.

Tengo buenísimos recuerdos del Manix. Fue gracias a él donde descubrí que una persona podía tener un museo de motos en el garaje de su casa. Compraba, restauraba y presumía de motocicletas de varias marcas y épocas. Aquellas máquinas lucían como nuevas. El Manix les había dado vida a la vez que mantenía su firmeza con un “no se venden“. Era el mejor guía de aquel museo casero.

Fue él quien me regaló mi primer ‘joystick’ para pilotar un avión de la Segunda Guerra Mundial en la pantalla del ordenador. Acostumbrado a otros vídeojuegos, esta vez se requería suavidad en los movimientos de la palanca de mando en el simulador de vuelo. Yo era un bruto y prácticamente no conseguía ni despegar. “Hay que tocar la palanca con suavidad“, decía mientras se partía de risa.

Gracias a él viví la Marcha Verde casi desde dentro. Como es sabido, en noviembre de 1975 el pueblo marroquí invadió los territorios del Sahara Español. El Manix me explicó que le tocó sobrevolar la zona con un avión militar que llevaba hortalizas como único armamento.

En la tarde del 7 de marzo de 2016 se celebró su funeral. La capilla del tanatorio se llenó de familiares y amigos. Al lado del altar y junto a unas flores estaba su foto en la que aparece sentado en la cabina de un avión. Curiosamente, la estructura del avión en su parte alta coincidía con el eje vertical de la cruz de la capilla.

Fue una Misa marcada por muchos y bellísimos detalles. Una de las canciones que interpretó el coro fue “Signore delle cime”. La letra es en italiano y habla de la pérdida de un amigo. Una de las chicas del coro rompió a llorar en el momento en que la canción decía “Su nel paradiso”, es decir: “Él está en el paraíso“.

Otros preciosos momentos se dieron cuando al sacerdote, emocionado, se le quebró la voz al leer el Evangelio que habla de la resurrección de Lázaro. O cuando, después de recibir la Comunión, Lara y Smara abrazaron a su madre. Un abrazo de las tres. Unidas en el primer banco frente a la foto de su padre.

Concluida la Eucaristía, su hija Smara habló a los presentes. “Cuando murió mi padre, algo se me clavó en el corazón, una palabra que tengo dentro de mí y tengo que decirla: Gracias“. Y recordó uno de los mensajes de cariño que había recibido estos días: “pobres lo angelitos, menudo instructor de vuelo ha llegado al Cielo”.

Gracias a Fernando El Manix, quien fue, es y será un grande. Siempre lo tendré presente porque aunque ahora él esté lejos, la distancia no existe cuando nos separamos, la distancia existe si nos olvidamos. Y va a ser imposible que me olvide del Manix porque allá donde yo vaya estará el cuadro de las barcas pintado por Iglesia. Volad alas glorias de España. Hasta pronto Tío Fer.

2 comentarios en “Fernando Iglesia, El Manix

  1. Conocí a Fernando y a su hija Smara hacia finales de los 90, cuando colaboroba con la FIO. Un día de exhibición, le hice una foto que le gustó mucho y me dijo que un día me daría una vuelta en el T-6. Aunque el tiempo pasó y no llegué a disfrutar de tan ansiado vuelo también sé que algún día me lo dará. Felices y eternos vuelos, Manix; besos Smara y demás família.

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