El Espíritu Santo en la Isla de las Tentaciones

Sucedió hace semanas mientras estaba viendo la televisión. El casi siempre interesante Horizonte de Iker Jiménez se había ido a anuncios y al zapear me topé con cinco chicas con vestido corto y veraniego. Estaban en un sofá y escuchaban lo que les explicaba la periodista y presentadora Sandra Barneda.

¡Vaya!, la Isla de las Tentaciones, programa de televisión que nadie ve y que todo el mundo conoce por un meme que grita «Estefanía», porque realmente sí que lo ven pero hay que guardar la reputación o porque realmente sí que son seguidores y lo demuestran en conversaciones, a base de corazones y con comentarios en Instagram.

Les confieso sin confesionario ni confesor que jamás he visto un episodio de este espectáculo de telerrealidad, pero la cultura popular me lo ha hecho presente.

Volviendo al inicio, la cuestión es que zapeaba y no continúe. Allí me quedé. Una de las chicas lloraba y mientras lo hacía, sonaba una música de fondo con una voz para mí muy familiar: la de Taya Smith.

Quizá usted no sepa quién es Taya Smith. No le culpo. Yo tampoco me sé los nombres de las chicas participantes en este reality show playero de Telecinco. Me atrevo a afirmar que Smith es una de las mejores voces femeninas de la actual música cristiana contemporánea. Incluso al nivel de Kari Kobe o Brooke Ligertwood. Smith es una de las cantantes principales de Hillsong, grupo australiano de música cristiana que se define como Iglesia, o viceversa. La Providencia o un banco de canciones aleatorias hizo que sonase la voz de Taya en aquella isla mientras esa joven lloraba porque el novio le había sido infiel en horario de máxima audiencia.

La canción era Oceans y mientras las lágrimas y el sollozo nacían se escuchaba en inglés eso de «Que tu Espíritu me guíe sin fronteras, más allá de las barreras, a donde Tú me llames. Tú me llevas más allá de lo soñado, donde puedo estar confiado, al estar en tu presencia». Qué abrumadora belleza en medio de las tentaciones y el pecado. Dios siempre sorprende. No olvidemos que Él descendió a los infiernos. Los océanos eternos del Espíritu Santo siempre podrán llenar cualquier ausencia de Dios en el corazón humano. Incluso en una isla. Incluso mientras usted termina de leer estas líneas.

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