El día que Intereconomía sí me pagó

La situación de Intereconomía es muy mala. Hace casi un año dije que este grupo de comunicación se iba a ir a pique y me llamaron visionario. Bueno, es un título más que añadir al curriculum: “Visionario”. No está mal. Intereconomía debe a muchos de sus trabajadores siete u ocho nóminas. Otros, como su corresponsal en Asia, desea que le paguen los 25.000 euros que todavía le deben. Dantesco.

Intereconomía lleva meses sin pagar

Intereconomía lleva meses sin pagar

Yo empecé a trabajar para una de las publicaciones del Grupo Intereconomía en enero de 2012. La historia comenzó el día que fui a recoger mi acreditación de prensa de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid (JMJ) en agosto de 2011. Allí me encontré con un periodista que llevaba colgada al cuello la tarjeta de acceso a la redacción. Un carnet de color azul con el toro. ¿Eres de Intereconomía?, le dije.

Hablamos durante dos horas de espera. Él trabajaba en el semanario religioso ALBA y me facilitó el correo electrónico de su director, Gonzalo Altozano. Pasó la JMJ y le mandé el típico e-mail presentando un poco mi perfil académico y profesional. Entre unas cosas y otras, otra empresa me contrató para ir a trabajar a Roma y me olvidé de aquel correo que había enviado al director de ALBA en una tarde calurosa de agosto. 

Aterricé en Italia a finales de noviembre de 2011 y en diciembre -unos cinco meses después- recibí un e-mail de Gonzalo Altozano invitándome a escribir unas letras desde el extranjero. Fue realmente el 1 de enero de 2012, en la residencia en la que me alojaba, donde escribí el primer artículo para una de las publicaciones del Grupo Intereconomía. Una página y media en la que hablaba sobre un sacerdote canadiense que antes de consagrarse había sido bailarín en Broadway. Genio y figura.

Desde entonces y bajo la supervisión de Gonzalo Altozano fui redactando -más o menos cada siete días- un artículo para ALBA. Al ser un semanario podía preparar los artículos con tranquilidad, sin estrés diario e indagando en todos los datos. La mayoría de los textos fueron sobre lugares y personajes romanos. Aproveché mi presencia allí para llevar a los lectores hasta la Ciudad Eterna en cada uno de mis párrafos.

Fueron unos 16 artículos para el suplemento religioso. Una de mis redacciones -la que hablaba de la italiana Chiara Corbella– fue portada del periódico La Gaceta. Sin duda, los meses que trabajé a las órdenes y llamadas telefónicas a Italia de Gonzalo Altozano fueron fantásticos.

Pese a lo formidable de rellenar páginas del ALBA y La Gaceta, solamente recibí remuneración económica por la conversión del bailarín canadiense de Broadway. Fue la única vez que Intereconomía me pagó. El grupo de comunicación presidido por Julio Ariza no me pagó ninguno de los demás artículos pese a la insistencia y los esfuerzos de Altozano. Desde aquí publico mi agradecimiento al que fuera director de ALBA por su deseo de que los colaboradores cobrásemos nuestro salario.

Yo no era corresponsal, no tenía una nómina. Simplemente colaboraba porque amo el oficio del periodismo. ¿Qué le voy a hacer? La vocación profesional es ciega si es verdadera. Y en mi caso lo es y lo era. Muchos de los técnicos y periodistas de la televisión, de la radio y del periódico llevan meses sin recibir un euro a cambio de su trabajo.

Hace pocos meses salió a la luz la situación de algunos redactores pero pasó desapercibida para los medios de comunicación y para la gente. Lo que ha colmado el vaso han sido los testimonios de dos de los pesos pesados que trabajaban con sus productoras para el Grupo Intereconomía: Alfonso Arteseros y Josep Pedrerol. Lo que cuentan ambos se puede ver a continuación en estos vídeos.

Tanto uno como otro suman sus impagos a los de centenares de trabajadores de Intereconomía. Desde aquí doy mi apoyo a cualquier iniciativa que nazca de la injusticia que están padeciendo miles de personas, miles de familias.

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5 comentarios en “El día que Intereconomía sí me pagó

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  2. Lo peor es la impunidad de los malos empresarios. No pagan y no les pasa nada. Si no remuneras un trabajo contratado estas robando a la cara de la gente. No sólo te atraca sino además te insulta, impidiendote llevar a casa tu sustento. Nadie come del aire.

    Mucho ánimo a los trabajadores. Siempre hay un futuro y la posibilidad de reinventarse.

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